Hay conciertos que se disfrutan. Y hay otros que, además, despiertan recuerdos. La actuación de The Alan Parsons Live Project en El Muelle Live del Puerto de Alicante, dentro del ciclo Aquarela Music, perteneció a esa segunda categoría. Durante cerca de una hora y cuarenta y cinco minutos, el músico, productor e ingeniero británico volvió a demostrar que su legado permanece intacto, ofreciendo una noche de sonido impecable y emociones a flor de piel que fue recibida con entusiasmo por un público entregado de principio a fin. El concierto formó parte de la gira internacional que está llevando a Alan Parsons por Europa y Norteamérica, con especial protagonismo para el cincuenta aniversario de Tales of Mystery and Imagination, sin renunciar a los grandes clásicos que han convertido a The Alan Parsons Project en una referencia imprescindible del rock progresivo y melódico.
Si Aquarela Music aspira a consolidarse como un ciclo con auténtica vocación internacional, contar con Alan Parsons en su programación supone toda una declaración de intenciones. Hablar de Parsons es hacerlo de uno de los grandes arquitectos del sonido contemporáneo. Su nombre quedó ligado para siempre a los estudios Abbey Road, donde participó como ingeniero de sonido en grabaciones históricas, entre ellas el inmortal The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, antes de construir junto a Eric Woolfson un proyecto musical que revolucionó la manera de entender el rock sinfónico, combinando perfección técnica, ambición conceptual y melodías inolvidables.
Si Aquarela Music aspira a consolidarse como un ciclo con auténtica vocación internacional, contar con Alan Parsons en su programación supone toda una declaración de intenciones. Hablar de Parsons es hacerlo de uno de los grandes arquitectos del sonido contemporáneo. Su nombre quedó ligado para siempre a los estudios Abbey Road, donde participó como ingeniero de sonido en grabaciones históricas, entre ellas el inmortal The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, antes de construir junto a Eric Woolfson un proyecto musical que revolucionó la manera de entender el rock sinfónico, combinando perfección técnica, ambición conceptual y melodías inolvidables.
Puntualmente, a las diez de la noche, comenzó una actuación que desde los primeros compases dejó claro que la calidad sonora sería uno de sus grandes argumentos. En un escenario elegante y sobrio, Alan Parsons ocupó una plataforma elevada situada en el centro y en un segundo plano, dejando el protagonismo visual a la extraordinaria banda que le acompaña. Una decisión escénica coherente con la personalidad de un músico que siempre ha entendido la música como una obra colectiva, donde cada instrumentista encuentra su espacio sin eclipsar el conjunto.
Mientras Parsons dirigía discretamente el espectáculo desde su posición, los músicos desplegaban todo su talento en la parte frontal del escenario. La fidelidad con la que reproducen unas composiciones tan complejas resulta admirable, conservando intacta la riqueza de arreglos y matices que caracteriza la obra del británico.
La velada arrancó con "Standing on Higher Ground", seguida por "Don't Answer Me", "Time" e "I Wouldn't Want to Be Like You", cuatro composiciones que sirvieron para conectar inmediatamente con un público formado por varias generaciones de seguidores. Entre los asistentes predominaba el público español, aunque también era muy numerosa la presencia de aficionados británicos, reflejo del atractivo internacional que continúa despertando Alan Parsons y del carácter cosmopolita que persigue Aquarela Music. De hecho, el propio festival ha destacado el importante peso del público extranjero en esta primera edición.
Mientras Parsons dirigía discretamente el espectáculo desde su posición, los músicos desplegaban todo su talento en la parte frontal del escenario. La fidelidad con la que reproducen unas composiciones tan complejas resulta admirable, conservando intacta la riqueza de arreglos y matices que caracteriza la obra del británico.
La velada arrancó con "Standing on Higher Ground", seguida por "Don't Answer Me", "Time" e "I Wouldn't Want to Be Like You", cuatro composiciones que sirvieron para conectar inmediatamente con un público formado por varias generaciones de seguidores. Entre los asistentes predominaba el público español, aunque también era muy numerosa la presencia de aficionados británicos, reflejo del atractivo internacional que continúa despertando Alan Parsons y del carácter cosmopolita que persigue Aquarela Music. De hecho, el propio festival ha destacado el importante peso del público extranjero en esta primera edición.
Uno de los grandes momentos de la noche llegó con el bloque dedicado a Tales of Mystery and Imagination. La introducción de Orson Welles dio paso a "A Dream Within a Dream", enlazando posteriormente con "The Raven", "The Tell-Tale Heart", "The Cask of Amontillado" y "(The System of) Dr. Tarr and Professor Fether", recuperando la esencia del álbum inspirado en la obra de Edgar Allan Poe que marcó el nacimiento de The Alan Parsons Project hace ahora cinco décadas. La interpretación de este repertorio confirmó la enorme vigencia de unas composiciones que mantienen intacta su capacidad para envolver al oyente en una atmósfera cinematográfica.
Sin apenas pausa llegó la monumental suite "The Fall of the House of Usher", interpretada a través de sus diferentes movimientos --Prelude, Arrival, Intermezzo, Pavane y Fall— antes de desembocar en "To One in Paradise", uno de los pasajes más delicados y evocadores del concierto.
Sin apenas pausa llegó la monumental suite "The Fall of the House of Usher", interpretada a través de sus diferentes movimientos --Prelude, Arrival, Intermezzo, Pavane y Fall— antes de desembocar en "To One in Paradise", uno de los pasajes más delicados y evocadores del concierto.
La segunda parte recuperó algunos de los grandes éxitos del repertorio de Parsons con "Damned If I Do", "Prime Time" y la imprescindible "Sirius / Eye in the Sky", probablemente el momento de mayor comunión entre escenario y público.
Pero si hubo una interpretación especialmente conmovedora fue "La Sagrada Familia". La belleza de su desarrollo melódico, la profundidad de sus armonías y la impecable ejecución de la banda convirtieron la pieza en uno de los instantes más emocionantes de la noche. Fue uno de esos momentos capaces de transportar al espectador a otra época, demostrando que hay canciones cuya fuerza emocional permanece intacta con el paso de las décadas.
Cada una de las interpretaciones fue despedida con largas ovaciones. No hubo un solo instante en que el entusiasmo decayese. El público respondió con aplausos constantes, consciente de estar presenciando el trabajo de uno de los grandes maestros de la producción musical moderna.
Pero si hubo una interpretación especialmente conmovedora fue "La Sagrada Familia". La belleza de su desarrollo melódico, la profundidad de sus armonías y la impecable ejecución de la banda convirtieron la pieza en uno de los instantes más emocionantes de la noche. Fue uno de esos momentos capaces de transportar al espectador a otra época, demostrando que hay canciones cuya fuerza emocional permanece intacta con el paso de las décadas.
Cada una de las interpretaciones fue despedida con largas ovaciones. No hubo un solo instante en que el entusiasmo decayese. El público respondió con aplausos constantes, consciente de estar presenciando el trabajo de uno de los grandes maestros de la producción musical moderna.
Tras abandonar brevemente el escenario, la banda regresó para ofrecer un único bis con "Games People Play", un broche perfecto para cerrar una actuación que confirmó el extraordinario estado de forma de The Alan Parsons Live Project.
La noche dejó mucho más que un excelente concierto. Demostró que la música de Alan Parsons continúa emocionando con la misma intensidad que cuando fue concebida. Sus composiciones siguen sonando elegantes, sofisticadas y atemporales; auténticas piezas de artesanía musical que, interpretadas con una banda de este nivel y un sonido prácticamente perfecto, adquieren una dimensión aún mayor.
Aquarela Music encontró en esta cita una de esas noches destinadas a permanecer en la memoria de quienes llenaron El Muelle Live. Porque hay artistas cuya música no solo se escucha: acompaña la vida de quienes crecieron con ella. Y en Alicante, durante casi dos horas, Alan Parsons volvió a demostrar por qué su legado continúa siendo eterno.
La noche dejó mucho más que un excelente concierto. Demostró que la música de Alan Parsons continúa emocionando con la misma intensidad que cuando fue concebida. Sus composiciones siguen sonando elegantes, sofisticadas y atemporales; auténticas piezas de artesanía musical que, interpretadas con una banda de este nivel y un sonido prácticamente perfecto, adquieren una dimensión aún mayor.
Aquarela Music encontró en esta cita una de esas noches destinadas a permanecer en la memoria de quienes llenaron El Muelle Live. Porque hay artistas cuya música no solo se escucha: acompaña la vida de quienes crecieron con ella. Y en Alicante, durante casi dos horas, Alan Parsons volvió a demostrar por qué su legado continúa siendo eterno.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
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