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Ara Malikian, el "Intruso" que convirtió los Jardines de Abril en su casa en el Festival Noches Mágicas.

7/29/2026

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El violinista libanés presentó su espectáculo Intruso en Noches Mágicas ante un público entregado que llenó los Jardines de Abril de música, humor y emoción.

Hay artistas que salen a un escenario para tocar. Hay otros que necesitan el escenario para contar una historia. Y luego está Ara Malikian, que parece haber descubierto que un violín puede ser también una puerta por la que entrar y salir de cualquier lugar, de cualquier cultura y, sobre todo, de cualquier emoción.

Anoche, los Jardines de Abril de Sant Joan d’Alacant volvieron a hacer honor a su nombre
. El calor del verano alicantino estaba presente, pero la noche quiso conceder una pequeña tregua: temperaturas altas, sí, aunque con una humedad contenida que permitió disfrutar de uno de esos espacios privilegiados que tiene la provincia de Alicante para escuchar música al aire libre. Entre árboles, palmeras y vegetación, el escenario de Noches Mágicas esperaba a uno de esos músicos que hace tiempo que dejó de ser simplemente un virtuoso del violín para convertirse en un auténtico animal escénico.

Y el público respondió. Los Jardines de Abril se llenaron, con el respetable ocupando sus localidades y preparado para dejarse llevar por un espectáculo que, como suele ocurrir con Malikian, difícilmente puede encerrarse dentro de una sola etiqueta.

Porque Intruso habla precisamente de eso: de no pertenecer completamente a un lugar para terminar perteneciendo a todos. Malikian, nacido en el Líbano en una familia de origen armenio, ha convertido esa condición de extranjero permanente en una forma de entender la música. La propia gira parte de esa experiencia de no sentirse suficientemente libanés, armenio o europeo y acaba encontrando una respuesta mucho más sencilla: el mundo entero puede ser casa cuando la música se convierte en lenguaje universal.
Y anoche esa filosofía se entendió sin necesidad de demasiadas explicaciones.

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Desde los primeros compases quedó claro que el protagonista iba a ser el violín. No podía ser de otra manera. Malikian lo acaricia, lo golpea, lo hace llorar, lo hace reír y, en determinados momentos, parece incluso pelearse con él. Su cuerpo entero participa en cada interpretación.

Las fotografías de la noche lo cuentan perfectamente: ojos cerrados, cuerpo inclinado, melena desordenada, arco convertido en prolongación del brazo y una expresión de absoluta entrega. Hay momentos en los que parece estar tocando para miles de personas y otros en los que da la impresión de que ha olvidado que existe alguien delante.


Malikian tiene además una extraordinaria capacidad para romper la distancia que normalmente existe entre un músico de su categoría y el público. Entre pieza y pieza aparece el personaje, el hombre, el contador de historias. Y ahí llegan las risas.


Porque Ara Malikian habla tanto como toca, y cuando habla tampoco se comporta como uno esperaría de un violinista clásico. Sus historias personales, sus peripecias y esa particular manera de reírse de sí mismo convierten el concierto en algo mucho más cercano.


Una de las historias que compartió con el público fue especialmente divertida: sus peripecias durante sus años en Alemania y cómo terminó adquiriendo una habilidad casi surrealista, la de subirse a un escenario, no hacer absolutamente nada y conseguir que aquello terminara siendo un éxito. Una manera muy malikianiana de explicar la vida, la profesión y probablemente también el mundo del espectáculo. Y es que en sus manos hasta una anécdota aparentemente absurda termina teniendo sentido.

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De Paganini a Paco de Lucía

Musicalmente, Malikian volvió a demostrar por qué resulta tan difícil poner fronteras a su propuesta.
En Intruso caben los grandes clásicos y caben también músicas nacidas muy lejos de la tradición académica. Paganini puede encontrarse con Piazzolla y Paco de Lucía puede aparecer en el mismo universo sonoro que sus propias composiciones.

El Capricho n.º 24 de Paganini y Fuga y misterio, de Astor Piazzolla, forman parte del repertorio que ha venido manejando en esta gira, mientras que “Zyryab”, la composición de Paco de Lucía, es uno de esos momentos especialmente significativos por todo lo que representa en el viaje musical de Malikian.

Y ahí está una de las grandes virtudes del espectáculo: no se trata de demostrar cuánto sabe tocar un violín, sino de demostrar todo lo que puede decir un violín cuando no existen fronteras musicales.
El resultado pasa del clasicismo al rock, de los sonidos mediterráneos a las músicas balcánicas, del flamenco a otras tradiciones que Malikian ha ido incorporando a su particular equipaje. Una mezcla que, lejos de resultar forzada, parece absolutamente natural en alguien cuya propia vida ha sido un viaje entre culturas.

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Y entonces llegó la nana.

Pero si hubo un momento en el que la noche dejó de ser simplemente un concierto para convertirse en algo más, fue al final. Después de los bises, Malikian tomó su violín y comenzó a caminar.

Abandonó el escenario y se internó entre el público.

Los Jardines de Abril dejaron entonces de tener escenario y patio de butacas. Ya no había una frontera entre artista y espectador. Solo Ara, su violín y cientos de personas rodeándolo.
Y llegó “Nana arrugada”.

La pieza, que ha utilizado como despedida en otros conciertos de esta gira, tiene precisamente ese carácter conciliador que parece resumir buena parte del espíritu de Intruso.
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Anoche, tocándola entre el público, adquirió todavía otra dimensión. Malikian la interpretó con una emoción evidente, casi desnuda, como si por un momento desapareciera el personaje que minutos antes había hecho reír a todo el recinto y quedara únicamente el músico. Una nana concebida desde el deseo de arreglar el mundo, de dejar algo mejor para quienes vienen detrás, de imaginar que todavía es posible construir un lugar en el que todos podamos sentirnos en casa.

Y mientras el violín sonaba allí abajo, entre las personas, resultaba imposible no pensar que quizá esa era la verdadera conclusión de la historia que había venido a contar.
El supuesto intruso ya no era un intruso.

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Una noche para recordar.

Cuando finalmente abandonó los Jardines de Abril, quedaba la sensación de haber asistido a algo que iba mucho más allá de un recital de violín.

Ara Malikian volvió a demostrar que puede ser virtuoso sin resultar distante, clásico sin ser académico, extravagante sin perder profundidad y divertido sin restarle emoción a su música. Y sobre todo demostró que un escenario puede convertirse en cualquier cosa cuando el artista tiene la capacidad de hacerlo suyo.
Anoche, en Sant Joan d’Alacant, lo convirtió en un viaje.
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Un viaje por la música, por sus recuerdos, por sus lugares de origen, por los lugares a los que llegó y por todos aquellos en los que alguna vez se sintió extranjero. Hasta que bajó del escenario. Hasta que caminó entre nosotros. Hasta que el violín comenzó a desgranar aquella “Nana arrugada” que parecía querer poner el mundo en orden. Quizá esa fue la verdadera magia de la noche.

Noches Mágicas puso el jardín. Ara Malikian puso el resto.
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Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.

PROXIMAMENTE EN EL FESTIVAL NOCHES MÁGICAS...
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