La historia del "heavy" y el rock español no se entiende sin dos nombres que llevan décadas escribiendo sus páginas más incendiarias; Barón Rojo y Obús.
Dos bandas que nacieron en los años 80 y que no solo sobrevivieron al paso del tiempo, sino que ayudaron a definir un sonido, una actitud y una forma de entender el rock en castellano.
Ambas formaciones se han convertido en auténticos estandartes de la resistencia musical, manteniendo viva la llama del heavy metal en España cuando muchos daban el género por extinguido.
Este tour reducido de conciertos especiales en salas seleccionadas ha vuelto a reunirles en escenarios íntimos pero cargados de historia, donde cada canción suena a memoria colectiva.
La cita en la Sala The One de San Vicente del Raspeig (Alicante) tenía algo de acontecimiento generacional, casi ritual.
No era solo un concierto, era un reencuentro con décadas de himnos que han acompañado vidas enteras.
Dos bandas, dos estilos, una misma esencia: el rock como forma de resistencia. El público lo sabía y lo vivió desde el primer minuto con una intensidad casi emocional. Veteranos rockeros compartiendo espacio con jóvenes curiosos que cantaban cada canción como si la hubieran aprendido en la cuna.
Una noche de esas que no buscan reinventar nada, sino confirmar que algunos mitos siguen más vivos que nunca.
Dos bandas que nacieron en los años 80 y que no solo sobrevivieron al paso del tiempo, sino que ayudaron a definir un sonido, una actitud y una forma de entender el rock en castellano.
Ambas formaciones se han convertido en auténticos estandartes de la resistencia musical, manteniendo viva la llama del heavy metal en España cuando muchos daban el género por extinguido.
Este tour reducido de conciertos especiales en salas seleccionadas ha vuelto a reunirles en escenarios íntimos pero cargados de historia, donde cada canción suena a memoria colectiva.
La cita en la Sala The One de San Vicente del Raspeig (Alicante) tenía algo de acontecimiento generacional, casi ritual.
No era solo un concierto, era un reencuentro con décadas de himnos que han acompañado vidas enteras.
Dos bandas, dos estilos, una misma esencia: el rock como forma de resistencia. El público lo sabía y lo vivió desde el primer minuto con una intensidad casi emocional. Veteranos rockeros compartiendo espacio con jóvenes curiosos que cantaban cada canción como si la hubieran aprendido en la cuna.
Una noche de esas que no buscan reinventar nada, sino confirmar que algunos mitos siguen más vivos que nunca.
La noche arrancó con fuerza de la mano de Barón Rojo, que salió a escena con un repertorio directo al corazón de su historia. Desde el primer acorde quedó claro que no había concesiones: esto iba de clásicos, de memoria y de electricidad pura.
Con un Setlist histórico: Desertores del Rock / Rockero Indomable, Barón Rojo, Caso Perdido, Larga Vida al Rock and Roll, El Malo, Incomunicación, Hermano del Rock & Roll, Concierto para Ellos, Satánico Plan Cuerdas de Acero / H.C.A.I.N. los bises: Con Botas Sucias, Resistiré, Siempre Estás Allí, y el cierre: Los Rockeros Van al Infierno
La banda se mostró sólida, con ese sonido clásico, directo y sin artificios que ha marcado su identidad durante décadas. El público respondió desde el inicio, pero el punto de ebullición llegó con dos himnos incontestables: Resistiré y, sobre todo, Los Rockeros Van al Infierno. Ahí la sala literalmente explotó: saltos, puños en alto y una comunión absoluta entre escenario y público, como si cada persona allí presente estuviera cerrando un capítulo vital de su propia historia. Barón Rojo no necesitó grandes discursos. Su lenguaje fue el de siempre: guitarras, actitud y legado.
Con un Setlist histórico: Desertores del Rock / Rockero Indomable, Barón Rojo, Caso Perdido, Larga Vida al Rock and Roll, El Malo, Incomunicación, Hermano del Rock & Roll, Concierto para Ellos, Satánico Plan Cuerdas de Acero / H.C.A.I.N. los bises: Con Botas Sucias, Resistiré, Siempre Estás Allí, y el cierre: Los Rockeros Van al Infierno
La banda se mostró sólida, con ese sonido clásico, directo y sin artificios que ha marcado su identidad durante décadas. El público respondió desde el inicio, pero el punto de ebullición llegó con dos himnos incontestables: Resistiré y, sobre todo, Los Rockeros Van al Infierno. Ahí la sala literalmente explotó: saltos, puños en alto y una comunión absoluta entre escenario y público, como si cada persona allí presente estuviera cerrando un capítulo vital de su propia historia. Barón Rojo no necesitó grandes discursos. Su lenguaje fue el de siempre: guitarras, actitud y legado.
El relevo lo tomó Obús, con una Sala The One ya encendida y lista para otra descarga de heavy sin contemplaciones. Y no defraudaron.
Su Setlist: Necesito Más, La Raya, El Que Más, Corre Mamón, Viviré, Pesadilla Nuclear, Te Visitará la Muerte, Que Te Jodan, Juego Sucio, Dinero, Dinero, Prepárate, Vamos Muy Bien y en los Bises: Cualquier Noche, Autopista, La Moto.
Si algo define a Obús en directo es la energía inagotable de Fortu Sánchez, que volvió a ser el gran agitador de la noche. Carismático, cercano y absolutamente entregado, no dudó en bajar al foso para abrazarse con el público, rompiendo cualquier barrera entre escenario y sala. La conexión fue total. Temas como “Vamos Muy Bien” o “Dinero, Dinero” fueron auténticos estallidos colectivos, coreados por una audiencia que no bajó el ritmo en ningún momento.
El ambiente era el de una celebración compartida: sudor, sonrisas, cuernos al aire y esa sensación de que el rock, cuando es honesto, no envejece.
Su Setlist: Necesito Más, La Raya, El Que Más, Corre Mamón, Viviré, Pesadilla Nuclear, Te Visitará la Muerte, Que Te Jodan, Juego Sucio, Dinero, Dinero, Prepárate, Vamos Muy Bien y en los Bises: Cualquier Noche, Autopista, La Moto.
Si algo define a Obús en directo es la energía inagotable de Fortu Sánchez, que volvió a ser el gran agitador de la noche. Carismático, cercano y absolutamente entregado, no dudó en bajar al foso para abrazarse con el público, rompiendo cualquier barrera entre escenario y sala. La conexión fue total. Temas como “Vamos Muy Bien” o “Dinero, Dinero” fueron auténticos estallidos colectivos, coreados por una audiencia que no bajó el ritmo en ningún momento.
El ambiente era el de una celebración compartida: sudor, sonrisas, cuernos al aire y esa sensación de que el rock, cuando es honesto, no envejece.
La Sala The One fue testigo de algo más que dos conciertos. Fue una fotografía viva de la historia del heavy metal español en pleno 2026: intacto, vigente y todavía capaz de unir generaciones enteras bajo un mismo rugido. Barón Rojo aportó la épica de la historia. Obús, la vitalidad del presente.
Y el público, simplemente, hizo el resto. Una noche de las que no se olvidan fácilmente… porque algunos riffs no pasan de moda, solo se convierten en patrimonio emocional.
Y el público, simplemente, hizo el resto. Una noche de las que no se olvidan fácilmente… porque algunos riffs no pasan de moda, solo se convierten en patrimonio emocional.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
PRÓXIMAMENTE EN LA SALA THE ONE...






