El 16 de enero, la mítica sala Soda Bar de Alicante se convirtió en un refugio más que en un escenario. No fue solo un concierto acústico de John Lopez, fue un gesto colectivo de acompañar a un amigo, de escucharle sin prisas mientras desfilaban canciones como Burbujas, Finlandia, Luciérnagas o El nieto del Cartero. Un repertorio que no busca respuestas fáciles, sino compartir preguntas, silencios y pequeñas verdades. Al final, más que un recital íntimo, fue la confirmación de algo sencillo y profundo a la vez: esto es lo que dice él que es… y lo que muchos reconocimos esa noche.
Soy Jon López. Hago cosas. A veces demasiadas. Casi todas poco prácticas (materialmente hablando).
Dirijo quefas.es, milito en la cultura – aunque la palabra “militar” suene grande para alguien que va justo de fuerzas-. Soy padre, soy hijo, amigo de quien me aguanta… y trato de no perderme del todo en el proceso.
Dicen que escribo bien (Nota de dao: LO HACE!). Yo creo que escribo más de los que debería: + de cien artículos publicados en 2025, y otras tantas crónicas, lo atestiguan, pero todo eso no es un salvoconducto. No da de comer. No te libra del miedo. No te garantiza nada. Solo te permite seguir diciendo cosas cuando todo invita a que nos callemos.
Muchas veces me preguntan por qué sigo. Por qué me dedico a esto. Por qué no busco alfo “normal”. Por qué me limito a sobrevivir, por qué me encierro en mis rarezas, en mis silencios, en mis soledades elegidas… o heredadas.
No suelo responder
Dirijo quefas.es, milito en la cultura – aunque la palabra “militar” suene grande para alguien que va justo de fuerzas-. Soy padre, soy hijo, amigo de quien me aguanta… y trato de no perderme del todo en el proceso.
Dicen que escribo bien (Nota de dao: LO HACE!). Yo creo que escribo más de los que debería: + de cien artículos publicados en 2025, y otras tantas crónicas, lo atestiguan, pero todo eso no es un salvoconducto. No da de comer. No te libra del miedo. No te garantiza nada. Solo te permite seguir diciendo cosas cuando todo invita a que nos callemos.
Muchas veces me preguntan por qué sigo. Por qué me dedico a esto. Por qué no busco alfo “normal”. Por qué me limito a sobrevivir, por qué me encierro en mis rarezas, en mis silencios, en mis soledades elegidas… o heredadas.
No suelo responder
Pero si has comprado una entrada, aunque no compartas mis motivos, probablemente los intuyes. y ya que estás aquí, quiero darle valor a esto. No a mi. A esto.
Mis penurias son públicas. No las escondo.
Mi talento… bueno, eso no me toca juzgarlo, por suerte.
Pero el valor real de esta noche no está en mi curriculum, ni en mi biografía, ni en lo que venga después. Está en algo mucho más sencillo y más difícil a la vez: en que tú has decidido estar.
Vivimos rodeados de contenido. Gratis. Infinito. Inmediato.
Pero el directo no se reproduce. No se pausa ni se repite igual nunca.
Lo que ocurre aquí esta noche solo existe porque tú estás sentado ahí, porque alguien afinó un instrumento, porque una canción encontró su momento exacto, porque hubo un cruce de miradas o un silencio que no estaba previsto. Eso no se sube a ninguna plataforma. Eso no cotiza en ningún algoritmo.
Y, justamente por eso, comprar una entrada hoy es un gesto político, aunque no lo parezca. es decir: “Esto importa”
Importa que alguien suba a un escenario sin certezas. Importa que el público compartido tenga un valor que no se pueda medir en likes. Diez euros no pagan una vida dedicada a la cultura.
Pero pagan una hora de atención. Y eso, hoy, es muchísimo.
Mis penurias son públicas. No las escondo.
Mi talento… bueno, eso no me toca juzgarlo, por suerte.
Pero el valor real de esta noche no está en mi curriculum, ni en mi biografía, ni en lo que venga después. Está en algo mucho más sencillo y más difícil a la vez: en que tú has decidido estar.
Vivimos rodeados de contenido. Gratis. Infinito. Inmediato.
Pero el directo no se reproduce. No se pausa ni se repite igual nunca.
Lo que ocurre aquí esta noche solo existe porque tú estás sentado ahí, porque alguien afinó un instrumento, porque una canción encontró su momento exacto, porque hubo un cruce de miradas o un silencio que no estaba previsto. Eso no se sube a ninguna plataforma. Eso no cotiza en ningún algoritmo.
Y, justamente por eso, comprar una entrada hoy es un gesto político, aunque no lo parezca. es decir: “Esto importa”
Importa que alguien suba a un escenario sin certezas. Importa que el público compartido tenga un valor que no se pueda medir en likes. Diez euros no pagan una vida dedicada a la cultura.
Pero pagan una hora de atención. Y eso, hoy, es muchísimo.
Mi intención esta noche es sencilla: que salgas de aquí con la sensación de que esta hora ha valido la pena. Que algún día, cuando pienses en mí – si lo haces – no recuerdes una canción concreta, sino una sensación.
Que puedas decir: “Yo estuve allí”: Y que esos diez euros estén amortizados no por lo que has visto, si no por lo que te ha pasado por dentro.
El directo es un pacto frágil. Yo traigo lo que soy. Tú traes lo que eres hoy. Y durante un rato, nos encontramos en un lugar que no existe en ningún otro momento. Gracias por sostener esto. Gracias por no quedarte en casa. Gracias por creer – aunque sea por una noche – que la cultura no es un adorno, sino un lugar donde reconocernos. Lo demás… ya vendrá. O no. Pero esto ya es real.
Que puedas decir: “Yo estuve allí”: Y que esos diez euros estén amortizados no por lo que has visto, si no por lo que te ha pasado por dentro.
El directo es un pacto frágil. Yo traigo lo que soy. Tú traes lo que eres hoy. Y durante un rato, nos encontramos en un lugar que no existe en ningún otro momento. Gracias por sostener esto. Gracias por no quedarte en casa. Gracias por creer – aunque sea por una noche – que la cultura no es un adorno, sino un lugar donde reconocernos. Lo demás… ya vendrá. O no. Pero esto ya es real.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.