El pasado sábado, la sala Marmarela acogió una de esas citas que trascienden el formato de concierto para convertirse en experiencia compartida. El Kanka llegaba a Alicante dentro de la ciclo Baltimore Live, firmando además la última entrega de la temporada en un enclave privilegiado frente al mar. La tarde ya había marcado el tono: una puesta de sol espectacular sobre el puerto acompañaba la espera de un público que comenzaba a reunirse con esa mezcla de calma y expectación tan propia de las grandes noches.
Con una entrada imponente y un buen ambiente desde mucho antes del inicio, el artista malagueño presentaba su nuevo trabajo, La Calma (2026), en un concierto que se fue hasta cerca de las dos horas. Acompañado por una banda en estado de gracia, una iluminación muy cuidada y una escenografía reforzada por elementos visuales, todo apuntaba a un directo pensado al detalle, pero sin perder la naturalidad que define su propuesta. Y es que El Kanka y su equipo están pendientes de todos los detalles que conlleva un directo muy visual y elegante desde hace varias giras atrás..
Antes de entrar en materia, conviene detenerse en ese nuevo disco que vertebra la gira. La Calma no es solo un título sugerente, sino casi una declaración de intenciones. En él, El Kanka reduce el boato sonoro y el ruido para quedarse con lo esencial, apostando por canciones que respiran y que encuentran su fuerza en lo cotidiano. Hay una mirada más reposada, más reflexiva, pero sin renunciar al ingenio ni a ese humor Las letras se mueven entre la introspección y la observación de lo diario, como siempre esa cotidianeidad tan de El Kanka, abordando desde la ansiedad moderna hasta los afectos más cercanos, siempre con un lenguaje directo y reconocible. En directo, estos nuevos temas no rompen con su repertorio anterior, sino que encajan con naturalidad, como una evolución lógica dentro de su universo.
Y así, casi sin darse cuenta, el concierto arrancó con “O algo”, “La apuesta”, “Para eso canto”, “Guapos y guapas” y“Compadres”, una apertura que funcionó como carta de presentación perfecta: ritmo, complicidad y primeras sonrisas compartidas. Desde ese momento quedó claro que el diálogo constante con el público no era un recurso, sino el eje del espectáculo. El Kanka hablaba, bromeaba y escuchaba, convirtiendo cada pausa en parte del show. Agradecido de un Alicante que siempre le recibe con los brazos abiertos.
El recorrido continuó con “Andalucía” donde los elementos visuales proyectados desatacan con gran belleza, “Vengas cuando vengas” y “Para vivir”, donde el tono se volvió algo más emocional, antes de adentrarse en terrenos más introspectivos con “Ansiedad” y “Pasitos benditos”. Uno de los momentos más especiales llegó con el bloque formado por “Hombre pájaro” y “Volar”, interpretadas de forma encadenada, creando una transición orgánica que elevó el vuelo del concierto tanto en lo musical como en lo simbólico.La conexión siguió creciendo con “Eres” y “Pensando en ti”, dos de esos temas que el público convierte en coro colectivo casi sin necesidad de invitación. Fue entonces cuando apareció “La Calma”, uno de los pilares del nuevo trabajo, interpretada con una serenidad que contrastaba con la intensidad emocional que generaba entre los asistentes.
El tramo central del concierto mantuvo el equilibrio entre lo nuevo y lo conocido con “Querría”, “Sí que puedes”, “He dicho que no” y “Limpieza general”, esta última especialmente celebrada por su mensaje liberador. “Por tu olor” y“Para quedarte” devolvieron el protagonismo a ese lado más íntimo y cercano, antes de encarar la recta final. En los últimos compases, “Le pasa solo al resto”, “Qué bello”, “Sabéis quiénes sois” y “Canela en rama” terminaron de redondear una noche que fue de menos a más, cerrando con esa sensación de celebración compartida que define los conciertos del malagueño. No hubo artificios innecesarios: bastaron las canciones, la banda y una conexión genuina con el público para sostener casi dos horas de música.
El cierre no fue solo el final de un concierto, sino también el broche a una temporada para el ciclo Baltimore Live, que consolida a Marmarela como uno de los espacios clave para la música en directo en Alicante. Y si algo quedó claro al apagar las luces es que, en tiempos de prisa propuestas como la de El Kanka , capaces de detener el tiempo durante un par de horas, siguen teniendo un valor difícil de medir, pero muy fácil de sentir.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.