El pasado 9 de agosto, el idílico enclave de los Jardines de Abril en Sant Joan d’Alacant se vistió de gala para acoger una noche única dentro del ciclo Noches Mágicas. Entre palmeras centenarias y luces suaves que dibujaban el contorno de la vegetación, el festival Music in the Garden reunió tres universos sonoros muy distintos pero unidos por una misma intención: emocionar y hacer vibrar a un público que agotó las entradas con semanas de antelación.
En esta cita, Ultraligera trajo la frescura indomable de una banda que ya ha dejado de ser promesa para convertirse en una rotunda realidad; Iván Ferreiro desplegó su arsenal de canciones para el recuerdo, uniendo melancolía y emoción pura; y ELYELLA cerró con una descarga de sonido, luces y proyecciones que transformó el jardín en una pista de baile bajo las estrellas.
En esta cita, Ultraligera trajo la frescura indomable de una banda que ya ha dejado de ser promesa para convertirse en una rotunda realidad; Iván Ferreiro desplegó su arsenal de canciones para el recuerdo, uniendo melancolía y emoción pura; y ELYELLA cerró con una descarga de sonido, luces y proyecciones que transformó el jardín en una pista de baile bajo las estrellas.
Ultraligera: la gran promesa hecha realidad.
Desde el primer acorde, Ultraligera mostró que el escenario les pertenece. Su directo es de esos que no conceden tregua: guitarras afiladas, bajos que laten como un corazón acelerado y una voz que pasa de la furia a la caricia en cuestión de segundos. La banda desplegó un repertorio que incluyó piezas que ya son himnos para sus seguidores: “Si tú supieras”, cantada a pleno pulmón por un público que no quería sentarse; “Pelo de Foca”, con un groove que invita a saltar; o la intensa “Europa”, que puso la piel de gallina.
También sonaron “Mala Manía”, “La Basura” y “Silla de Mimbre, confirmando que cada canción es un golpe certero. El cierre, con “Recuerdos del Baile” y el incendiario “Mierda de fiesta”, fue un estallido colectivo: manos al aire, coros masivos y esa sensación de estar presenciando a una banda destinada a conquistar escenarios cada vez más grandes.
Desde el primer acorde, Ultraligera mostró que el escenario les pertenece. Su directo es de esos que no conceden tregua: guitarras afiladas, bajos que laten como un corazón acelerado y una voz que pasa de la furia a la caricia en cuestión de segundos. La banda desplegó un repertorio que incluyó piezas que ya son himnos para sus seguidores: “Si tú supieras”, cantada a pleno pulmón por un público que no quería sentarse; “Pelo de Foca”, con un groove que invita a saltar; o la intensa “Europa”, que puso la piel de gallina.
También sonaron “Mala Manía”, “La Basura” y “Silla de Mimbre, confirmando que cada canción es un golpe certero. El cierre, con “Recuerdos del Baile” y el incendiario “Mierda de fiesta”, fue un estallido colectivo: manos al aire, coros masivos y esa sensación de estar presenciando a una banda destinada a conquistar escenarios cada vez más grandes.
Iván Ferreiro: la emoción hecha concierto.
Si Ultraligera es el relámpago, Iván Ferreiro es la marea. El gallego apareció en escena con la calma de quien sabe que sus canciones hablan por él. Desde los primeros compases de “Canciones para no escapar” hasta la intensidad final de “Turnedo”, construyó un concierto que fue un viaje emocional constante.
Clásicos como “El equilibrio es imposible”, “Años 80” y “M” resonaron como himnos generacionales, coreados por todas las edades. Momentos íntimos como “SPNB”, junto a su hermano Amaro, o “El viaje de Chihiro” dejaron un silencio reverente, roto solo por los aplausos. Hubo tiempo también para “El pensamiento circular” y “Extrema pobreza”, recordando que Ferreiro no teme mirar de frente a la emoción más cruda.
Cuando llegó el turno de “Turnedo”, el jardín entero parecía latir al mismo compás, iluminado por cientos de luces de móvil que crearon un firmamento paralelo sobre el público.
Si Ultraligera es el relámpago, Iván Ferreiro es la marea. El gallego apareció en escena con la calma de quien sabe que sus canciones hablan por él. Desde los primeros compases de “Canciones para no escapar” hasta la intensidad final de “Turnedo”, construyó un concierto que fue un viaje emocional constante.
Clásicos como “El equilibrio es imposible”, “Años 80” y “M” resonaron como himnos generacionales, coreados por todas las edades. Momentos íntimos como “SPNB”, junto a su hermano Amaro, o “El viaje de Chihiro” dejaron un silencio reverente, roto solo por los aplausos. Hubo tiempo también para “El pensamiento circular” y “Extrema pobreza”, recordando que Ferreiro no teme mirar de frente a la emoción más cruda.
Cuando llegó el turno de “Turnedo”, el jardín entero parecía latir al mismo compás, iluminado por cientos de luces de móvil que crearon un firmamento paralelo sobre el público.
ELYELLA: explosión sonora y visual.
Y entonces, cuando la noche ya estaba colmada de emociones, ELYELLA decidió encenderla de nuevo. El dúo apareció entre destellos, con visuales que inundaban el escenario y una base electrónica que hizo imposible quedarse quieto. Sus mezclas de indie, pop y electrónica se combinaron con proyecciones hipnóticas: geometrías en movimiento, flashes de color y mensajes visuales que convertían cada canción en un viaje sensorial.
No faltaron sus remezclas más celebradas ni esos momentos en los que la música y la imagen parecen fundirse en una sola oleada de energía. Cada drop era recibido con gritos y saltos, y el jardín, que horas antes había sido un templo para la nostalgia, se transformó en una fiesta desbordante. Cerraron con una catarata de beats y luces que dejó al público exhausto pero con una sonrisa amplia, de esas que solo salen después de vivir algo irrepetible.
Y entonces, cuando la noche ya estaba colmada de emociones, ELYELLA decidió encenderla de nuevo. El dúo apareció entre destellos, con visuales que inundaban el escenario y una base electrónica que hizo imposible quedarse quieto. Sus mezclas de indie, pop y electrónica se combinaron con proyecciones hipnóticas: geometrías en movimiento, flashes de color y mensajes visuales que convertían cada canción en un viaje sensorial.
No faltaron sus remezclas más celebradas ni esos momentos en los que la música y la imagen parecen fundirse en una sola oleada de energía. Cada drop era recibido con gritos y saltos, y el jardín, que horas antes había sido un templo para la nostalgia, se transformó en una fiesta desbordante. Cerraron con una catarata de beats y luces que dejó al público exhausto pero con una sonrisa amplia, de esas que solo salen después de vivir algo irrepetible.
Music in the Garden volvió a demostrar que Noches Mágicas es mucho más que un ciclo de conciertos: es una experiencia en la que la música se abraza con el entorno, donde cada artista encuentra su espacio para brillar y el público vive cada nota como si fuera la última. Bajo las estrellas de Sant Joan d’Alacant, Ultraligera, Iván Ferreiro y ELYELLA escribieron una página más en la historia de un festival que cada verano hace honor a su nombre.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
Próximamente en el MUELLE LIVE...
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