Aún con el eco latente de los últimos acordes, la Plaza de Toros de Murcia guarda en sus muros el rastro sonoro y emocional de una noche histórica. Carlos Santana, leyenda viva del rock latino y espiritual, protagonizó un concierto irrepetible dentro del ciclo musical Murcia ON, ante un público entregado, intergeneracional y desbordado de emoción desde el primer compás.
Con la plaza llena de un público entendido y una temperatura propia de agosto murciano, el calor no fue obstáculo, sino catalizador de una energía colectiva que se sentía tanto en la piel como en el alma. “Que el corazón y la cabeza funcionen a la perfección para todos vosotros”, deseó Santana con voz serena y sincera, en una de sus pocas pero potentes intervenciones. Pidió salud para todos y agradeció la masiva presencia del público, visiblemente conmovido por la conexión que se estableció desde los primeros acordes.
Con la plaza llena de un público entendido y una temperatura propia de agosto murciano, el calor no fue obstáculo, sino catalizador de una energía colectiva que se sentía tanto en la piel como en el alma. “Que el corazón y la cabeza funcionen a la perfección para todos vosotros”, deseó Santana con voz serena y sincera, en una de sus pocas pero potentes intervenciones. Pidió salud para todos y agradeció la masiva presencia del público, visiblemente conmovido por la conexión que se estableció desde los primeros acordes.
Y es que no hizo falta hablar mucho más. La música lo dijo todo. Desde el inicio con el abrasador “Soul Sacrifice”, que remite a su legendaria actuación en Woodstock, Santana dejó claro que su guitarra no es solo un instrumento, sino una extensión del alma. Le siguieron con solvencia “Jin-go-lo-ba” y “Evil Ways” en una primera sección cargada de groove afrolatino y virtuosismo rítmico, sostenido por una banda excelsa donde brilló, como siempre, la energía y precisión de una espectacular Cindy Blackman en la batería.
Los grandes clásicos no tardaron en llegar. “Black Magic Woman” y su inseparable “Gypsy Queen” encendieron definitivamente la plaza, convertida en una caldera emocional. Los solos se sucedían como plegarias eléctricas, con esa cadencia inconfundible que ha hecho de Santana un músico único: notas sostenidas, cargadas de intención, que parecían hablar directamente al alma de cada espectador. El trío formado por “Oye Cómo Va”, “María María”, marcó uno de los tramos más celebrados del repertorio, fusionando rock, soul latino, jazz, blues y raíces latinas con una naturalidad que parece sobrenatural.
“Corazón Espinado” la famosa colaboración con Maná desató un coro unánime. “Smooth”, probablemente su mayor éxito comercial gracias al álbum Supernatural (1999), sirvió como colofón de una noche mágica, en la que Santana se mostró sereno, luminoso, y por momentos casi chamánico.
La banda, un conjunto compacto y entusiasta, permitió que la guitarra de Santana fluyera con total libertad. No hubo excesos visuales ni adornos escénicos: todo se centró en la música, en el ritmo, en los silencios, en las pausas que respiran y hablan. Fue un espectáculo sobrio y profundamente musical, que apostó por la emoción sincera en lugar de la pirotecnia superficial.
Este concierto en Murcia formó parte de su gira europea Oneness Tour 2025, que venía de hacer paradas destacadas en Barcelona, Madrid y Valencia. En cada ciudad, Santana ha dejado una huella distinta, pero siempre con un mismo mensaje de unidad, paz y sanación a través del poder de la música. En Murcia, esa energía se amplificó por la entrega del público, que entendió el concierto no solo como un evento musical, sino como una experiencia espiritual compartida.
A sus 78 años, Carlos Santana sigue siendo mucho más que un guitarrista prodigioso. Es un canal de expresión cósmica, un arquitecto del mestizaje sonoro, y un referente absoluto de cómo se puede hacer historia sin dejar de buscar la luz. Desde su irrupción en Woodstock hasta sus Grammy con Supernatural, desde su fusión con el jazz de Caravanserai hasta sus colaboraciones pop más recientes, Santana ha sido siempre fiel a una idea: la música como sanación, como vibración que conecta cuerpos y almas más allá de las palabras.
Este concierto en Murcia formó parte de su gira europea Oneness Tour 2025, que venía de hacer paradas destacadas en Barcelona, Madrid y Valencia. En cada ciudad, Santana ha dejado una huella distinta, pero siempre con un mismo mensaje de unidad, paz y sanación a través del poder de la música. En Murcia, esa energía se amplificó por la entrega del público, que entendió el concierto no solo como un evento musical, sino como una experiencia espiritual compartida.
A sus 78 años, Carlos Santana sigue siendo mucho más que un guitarrista prodigioso. Es un canal de expresión cósmica, un arquitecto del mestizaje sonoro, y un referente absoluto de cómo se puede hacer historia sin dejar de buscar la luz. Desde su irrupción en Woodstock hasta sus Grammy con Supernatural, desde su fusión con el jazz de Caravanserai hasta sus colaboraciones pop más recientes, Santana ha sido siempre fiel a una idea: la música como sanación, como vibración que conecta cuerpos y almas más allá de las palabras.
El pasado viernes, en Murcia, esa idea se hizo carne, sudor y electricidad. Porque sí, hubo calor. Pero más aún en los corazones que palpitaban al ritmo de una guitarra que no conoce fronteras. Santana no solo dio un concierto. Regaló una experiencia. Una lección. Un viaje de ida y vuelta entre el alma del artista y la del público. Un rezo sonoro bajo las estrellas del cielo murciano..
Y los que estuvieron allí, lo saben: no fue solo música. Fue algo más. Fue historia.
Y los que estuvieron allí, lo saben: no fue solo música. Fue algo más. Fue historia.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
Próximamente en Murcia On...
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