Bajo el cielo despejado de Alicante y con un Área 12 lleno hasta la bandera desde mucho antes del inicio, Amaral encendió la noche del viernes con un concierto que fue más que la presentación de su último disco, Dolce Vita. Fue una invitación a vivir el momento, a respirar la música como un acto de celebración y de resistencia ante los tiempos que corren.
El recinto de Rabasa, con un público completamente entregado y de perfiles muy variados, recibió al dúo zaragozano con expectación máxima. Y no defraudaron. Desde los primeros acordes de “Dolce Vita”, con una producción visual y lumínica de primer nivel, Eva Amaral y Juan Aguirre dejaron claro que esto no era un concierto más, sino un viaje sensorial que transitaba entre la emoción, la fuerza y la belleza.
Sin pausa, llegaron “Eso que te vuela la cabeza”, “Tal y como soy” y una avalancha de emociones desatadas. Eva, intensa y magnética, se mostró especialmente conmovida durante varios tramos del show. Su conexión con el público fue total, directa al pecho, y su voz, intacta, parecía brillar más a medida que avanzaba la noche.
La banda con Ricardo Esteban, Álex Moreno, Miriam Moreno, Sergio Valdehita y Laura Sorribas reforzó cada tema con solidez y matices. La puesta en escena, con plataformas elevadas para batería y teclados, y audiovisuales dirigidos por la propia Eva, dio al concierto un tono casi teatral, con momentos de verdadero éxtasis visual.
La banda con Ricardo Esteban, Álex Moreno, Miriam Moreno, Sergio Valdehita y Laura Sorribas reforzó cada tema con solidez y matices. La puesta en escena, con plataformas elevadas para batería y teclados, y audiovisuales dirigidos por la propia Eva, dio al concierto un tono casi teatral, con momentos de verdadero éxtasis visual.
El show cerró como había empezado: con “Ahí estás”, envolviendo a todos en un manto emocional que combinaba nostalgia, fuerza y esperanza. En total, más de dos horas de música que sirvieron para constatar, una vez más, que Amaral sigue siendo uno de los grandes referentes del pop-rock español.
Y aunque Alicante no sea su casa como lo es Zaragoza, la sensación era la misma: Amaral toca como si cada ciudad fuera su ciudad. Como si cada canción pudiera salvarnos un poco. Como si cantar juntos fuera la única forma de resistir a lo que viene.
Y aunque Alicante no sea su casa como lo es Zaragoza, la sensación era la misma: Amaral toca como si cada ciudad fuera su ciudad. Como si cada canción pudiera salvarnos un poco. Como si cantar juntos fuera la única forma de resistir a lo que viene.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.