Era una de esas noches en las que la música parece detener el tiempo. La gira de Elefantes celebrando los 25 años de Azul había llegado al Teatro Circo de Murcia, y la expectación se palpaba en el aire. Para muchos, aquel disco no era solo un álbum; era un recuerdo, un hito generacional, un viaje sonoro que marcó la juventud y dejó una huella imborrable. La emoción se sentía en cada conversación, en cada mirada de quienes llevaban años siguiendo a la banda y en los más jóvenes, curiosos por descubrir en directo un clásico de la música española.
Recordar la historia de Elefantes alrededor de Azul es viajar a finales de los 90 y principios del 2000. Shuarma y su banda contaron con la ayuda de Bunbury en la producción de aquel disco que cambió su rumbo musical. No solo eso; Bunbury, en pleno recorrido con Cabaret Ambulante, los llevó de gira, brindándoles la oportunidad de presentarse ante un público más amplio.
Fue en esa etapa donde muchos descubrimos a Elefantes, y fuimos testigos de un precioso concierto en la Plaza de Toros de Toledo. Aquella primera experiencia en directo quedó grabada en la memoria: la fuerza de las canciones, la delicadeza de las letras, y la emoción compartida con miles de personas hicieron que la banda se convirtiera en algo más que un grupo: en un referente musical de nuestra generación.
Fue en esa etapa donde muchos descubrimos a Elefantes, y fuimos testigos de un precioso concierto en la Plaza de Toros de Toledo. Aquella primera experiencia en directo quedó grabada en la memoria: la fuerza de las canciones, la delicadeza de las letras, y la emoción compartida con miles de personas hicieron que la banda se convirtiera en algo más que un grupo: en un referente musical de nuestra generación.
Pasaron los años y la banda vivió una etapa de pausa, pero la música de Elefantes nunca dejó de resonar. En 2014, Shuarma decidió reunir de nuevo a sus antiguos compañeros para retomar los directos, impulsados por el lanzamiento de El Rinoceronte. Esa vuelta fue “a modo de pico y pala”: recorrer salas pequeñas, como la Sala Stereo de Alicante, donde también estuvimos presentes, implicaba esfuerzo, cercanía y compromiso. La banda volvió a crecer a base de trabajo, mostrando que la calidad de sus composiciones y la conexión con el público seguían intactas. Cada concierto, aunque más íntimo, estaba cargado de emoción y autenticidad, reforzando la idea de que la música es también perseverancia y pasión compartida.
Y ahora, 25 años después, Elefantes se reencontraba con Azul. Shuarma en la voz, Jordi Ramiro en la batería, Julio Cascán en el bajo y Álex Vivero en la guitarra subió al escenario con la complicidad de quienes han recorrido un largo camino juntos. La energía era palpable, pero también la serenidad de la experiencia: cada movimiento, cada mirada, cada acorde parecía cargado de historia y memoria.
Y ahora, 25 años después, Elefantes se reencontraba con Azul. Shuarma en la voz, Jordi Ramiro en la batería, Julio Cascán en el bajo y Álex Vivero en la guitarra subió al escenario con la complicidad de quienes han recorrido un largo camino juntos. La energía era palpable, pero también la serenidad de la experiencia: cada movimiento, cada mirada, cada acorde parecía cargado de historia y memoria.
El concierto comenzó sumergiendo al público directamente en las canciones que dieron vida a Azul. Desde el primer acorde de “Azul”, la sala vibró, y el público cantó como si nunca hubieran pasado los años. Le siguieron “Se me escapa”, “Equivocar” y “Me gustaría”, donde cada verso provocaba un murmullo colectivo de emoción y reconocimiento. La intensidad creció con “Se me va”, “Piedad” y “Desde Aquí”, mientras la complicidad entre la banda y los asistentes era evidente, y cada canción se sentía más viva que nunca. Al llegar a “Si no te siento”, “Si/no” y “Cuéntame”, las luces suaves y los gestos de Shuarma acercaban aún más a los presentes, como si estuviéramos todos dentro de una historia compartida. “Y tú sabrás”, “Vuelves” y “Cuando no tienes…” cerraron este bloque con la fuerza de la nostalgia y la emoción de la memoria musical que muchos habíamos atesorado durante décadas.
Tras la intensidad del disco, la banda bajó un poco el ritmo y presentó un bloque acústico lleno de intimidad y delicadeza. Interpretaron “Todo el mundo” con un aire cercano, donde los susurros del público se mezclaban con la voz de Shuarma, continuaron con “Al olvido”, dejando sentir cada palabra, y siguieron con “Te quiero”, que provocó sonrisas y algún que otro aplauso entre emocionados. “Que yo no lo sabía” cerró esta sección de manera más reflexiva, antes de que la banda retomara la energía para los bises.
Tras la intensidad del disco, la banda bajó un poco el ritmo y presentó un bloque acústico lleno de intimidad y delicadeza. Interpretaron “Todo el mundo” con un aire cercano, donde los susurros del público se mezclaban con la voz de Shuarma, continuaron con “Al olvido”, dejando sentir cada palabra, y siguieron con “Te quiero”, que provocó sonrisas y algún que otro aplauso entre emocionados. “Que yo no lo sabía” cerró esta sección de manera más reflexiva, antes de que la banda retomara la energía para los bises.
Los bises comenzaron con “Aliento”, una canción que levantó de nuevo a todos los presentes, seguida de “Este amor”, donde se notaba cómo la sala entera estaba entregada y conectada con cada nota. Y para culminar la noche, nada menos que “Azul” cantada por todos de pie: un cierre emotivo y glorioso que hizo que la música se sintiera más grande que nunca, como un abrazo colectivo que unía pasado y presente.
La magia de esta gira no reside únicamente en la música, sino en la historia que cada miembro de la banda trae consigo, en los recuerdos compartidos entre los fans y en las emociones de quienes habían seguido su trayectoria desde aquel primer encuentro, pasando por la etapa de El Rinoceronte y las salas pequeñas, hasta llegar a esta celebración de Azul. Cada aplauso, cada sonrisa, cada letra cantada en coro, evocaba recuerdos, esfuerzo y pasión.
La magia de esta gira no reside únicamente en la música, sino en la historia que cada miembro de la banda trae consigo, en los recuerdos compartidos entre los fans y en las emociones de quienes habían seguido su trayectoria desde aquel primer encuentro, pasando por la etapa de El Rinoceronte y las salas pequeñas, hasta llegar a esta celebración de Azul. Cada aplauso, cada sonrisa, cada letra cantada en coro, evocaba recuerdos, esfuerzo y pasión.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
Gira Elefantes...
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