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Miguel Bosé llega a Alicante con su Importante Tour.

7/19/2025

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Nueve años después de su última visita, Miguel Bosé volvió a Alicante en una noche marcada por el calor intenso y la emoción contenida. La Plaza de Toros congregó a cientos de incondicionales que desafiaron la ola de calor para arropar al artista en su regreso a los escenarios con la gira Importante Tour. Desde su última actuación en la ciudad, el 11 de julio de 2015, Bosé ha estado ocho años alejado de los escenarios. La cita de anoche era más que un concierto, era el reencuentro esperado, el abrazo pendiente entre el artista y una ciudad que nunca dejó de sentirlo cerca. Esa conexión se palpaba en el aire y llenaba cada rincón del ruedo desde el primer instante.
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Desde los primeros acordes, Bosé fue aclamado por las cientos de almas que vibraba con cada canción. La noche empezó con  temas emblemáticos como Mirarte, Duende, El Hijo del Capitán Trueno, Nena, Aire Soy, Bambú y Este Mundo Va, regalando una mezcla de nostalgia y energía renovada. La puesta en escena fue impecable, con su presencia impecable que lo caracteriza sobre los escenario y vestido de blanco inmaculado. Llegó acompañado por un elenco de músicos que vestían del mismo color, creando una atmósfera luminosa y elegante que envolvía el ruedo de la Plaza de Toros. La química entre el artista y su banda, junto con la respuesta emocionada de los asistentes, convirtió la noche en un homenaje sincero a una carrera que, aunque pausada, nunca perdió su brillo ni su conexión con la gente.
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​Tras un arranque sereno y contenido, el concierto fue cobrando emoción a medida que avanzaban los temas y el público, al principio algo tímido, comenzaba a entregarse del todo. Las pantallas que flanqueaban el escenario y presentes durante toda la noche, alternaban primeros planos del artista con imágenes del público entusiasta, mientras un juego de luces coreografiado con precisión elevaba el espectáculo a la altura de las grandes producciones. En ese contexto sonaron Solo sí, Hacer por hacer, Como un lobo y Nada particular, con un pulso más eléctrico que desató una ovación generalizada. Con cada tema, Bosé recordaba por qué es uno de los grandes desde que irrumpió en los años 80. Bosé ha sido una figura rebelde y transformadora, capaz de poner patas arriba la escena musical con su voz, su presencia y aquella estética andrógina inolvidable de las faldas y la provocación.
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​Entonces, el escenario se tiñó de rojo y una gran bata de cola envolvió el escenario. Bosé apareció vestido del mismo tono, elegante, imponente, con esa presencia magnética que lo sostiene desde hace décadas. Llegó Olvídame tú, cargada de nostalgia, y luego Sevilla, ese himno con alma andaluza que hizo que el público se viniera arriba al grito de “con qué pasión te enamorará y te embrujará, Sevilla”, fue uno de los momentos más emotivos de la noche. Tomó entonces el micro y, con la voz algo quebrada, recordó a los que se han ido y ya no están, a quienes, dijo, “deben seguir teniendo su lugar en nuestras vidas, aunque ya no estén”. En ese instante, buscó entre el público a unas primas suyas que lo acompañaban esa noche y mencionó también a sus abuelos, a quienes evocó con cariño, como parte de esa memoria que se honra cantando. Un silencio respetuoso envolvió el momento antes de que sonara Amiga, que se convirtió en un susurro íntimo compartido entre todos los presentes.
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​Bosé interpretó Creo en ti y Partisano, y después, micrófono en mano, quiso regalar “un beso, un beso inolvidable…”, al que la plaza entera respondió con una ovación cerrada y sentida. “Un beso inolvidable… un beso que se da… y se baila”, añadió, dejando flotando las palabras como si fueran parte de una canción más. Luego llegó el momento de presentar uno a uno a los músicos que lo acompañaron sobre el escenario: Pepe Damián a la batería, Paco Castañera al teclado, Luis Rey y Sajith Regalado a las guitarras, Mikel Irazoki al bajo y dirección musical, y en los coros, las voces de Carlos Izaga, Iván Ortega y Edeer Velásquez. Tras los aplausos, el escenario quedó en penumbra solo unos segundos, hasta que Miguel reapareció con un nuevo traje amarillo, desatando una nueva ovación entre los presentes. Llegó el turno de Morena mía.
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​En un ambiente más íntimo llegó Si tú no vuelves, envolviendo la plaza en una calma delicada antes de desatar los bailes con ese Amante bandido que nadie puede resistir. “No dirás que no…”, cantaba él, mientras la plaza entera se ponía en pie, entregada al ritmo y al instante compartido con su ídolo, que bailaba también sobre las tablas junto a su banda. Sentado después en la escalera del escenario, confesó a las almas que lo acompañaban la existencia de una carta que escribió a los veinte años y lanzó al viento. Despacito, como un susurro, volvió a sonar esa carta que empezaba diciendo: “Que sepas, Alicante, que pase lo que pase, yo siempre te amaré”. Tras ese momento romántico y casi sagrado, Don diablo devolvió la fiesta a la plaza, y muchos de sus incondicionales se acercaron al escenario, donde Bosé no dudó en firmar discos y libros que le alcanzaban con manos temblorosas. En un final íntimo y con unas palabras tiernas, se despidió reconociendo que todo lo que había pasado esa noche lo hizo “Por ti… Alicante”.
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Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
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