El ciclo Aquarela echó el cierre en Alicante con una noche de verano de esas que parecen pensadas para quedarse en la memoria. El concierto de Luz Casal puso el broche final a una programación que encontró en el enclave de El Muelle Live un escenario privilegiado, con el Mediterráneo como telón de fondo y una estampa especialmente luminosa: el Meliá iluminado con los colores del orgullo LGTBI, el Castillo de Santa Bárbara teñido de rojo y, a lo lejos, se podía ver el Gran Sol. Un entorno maravilloso para despedir un ciclo que ha convertido la música en protagonista de unas noches únicas.
Luz Casal apareció sobre el escenario vestida de blanco y, a lo largo de la noche, fue transformando también su imagen con dos elegantes cambios de vestuario en negro. Pero fueron su voz y sus canciones las que realmente marcaron el ritmo de una velada en la que sonaron temas como “No me importa nada”, “Entre mis recuerdos” o “Besar el suelo”, recorriendo diferentes momentos de una trayectoria que forma ya parte de la memoria musical de varias generaciones. Con “Rufino”, el concierto alcanzó uno de sus momentos más altos: el público abandonó las sillas, se puso en pie y comenzó a bailar, contagiado por la energía de una artista que continúa demostrando que su presencia sobre el escenario sigue siendo extraordinaria. La noche tuvo también un instante especialmente emotivo con “18 años”, una canción que Luz explicó que no suele interpretar y que aquella noche sería especial para alguien.
El calor, mientras tanto, se convirtió casi en un miembro más del público. De hecho, si hubiera que elegir al espectador más numeroso de la noche, probablemente habría que hablar de los abanicos. Hasta la propia Luz Casal se hizo con uno y, en un gesto tan espontáneo como divertido, lo utilizó mientras presentaba a la banda que la acompañó durante el concierto: Borja Montenegro y Jorge F. Ojea, a las guitarras; Peter Oteo, al bajo; J. M. Baldomá “Baldo”, a los teclados; y Tino di Geraldo, a la batería y percusión. La música estuvo acompañada durante toda la actuación por las obras de Secundino Hernández proyectadas en la pantalla del escenario, una propuesta visual a la que Luz también quiso agradecer su presencia. Tras un recorrido lleno de canciones, emociones y complicidad con el público, la artista terminó la noche con un ramo de flores, dejando una última imagen tan elegante como simbólica.
Así, con Luz Casal, Aquarela puso el punto final a un ciclo maravilloso. Una despedida a la altura de unas jornadas en las que la música, el paisaje y un enclave privilegiado se unieron para crear una experiencia difícil de olvidar. Y si algo quedó claro al terminar la noche es que Luz Casal sigue siendo una artista maravillosa, capaz de llenar un escenario con su voz, su personalidad y esa manera tan suya de hacer que sus canciones sigan perteneciendo, generación tras generación, a quienes las escuchan.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.