El calor y la humedad seguían pegados al aire del puerto de Alicante cuando El Muelle Live comenzó a llenarse el pasado viernes. En la pista, una gran entrada de público; al fondo, la grada prácticamente llena. No era una noche cualquiera ni un público llegado únicamente de Alicante y su provincia. Había seguidores desplazados desde Murcia, Valencia e incluso Madrid. Treinta años de M-Clan dan para mucho y, sobre todo, dan para que las canciones viajen mucho más lejos que sus autores. Cuando las luces apuntaron al escenario, quedó claro que aquella noche iba a ser un encuentro entre una banda con mucha historia a sus espaldas y un público dispuesto a seguir escribiéndola.
Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez aparecieron al frente de una formación que salió a jugar desde el primer momento. Tarque, fiel a esa manera suya de entender un escenario, se mostró activo, inquieto, pendiente de cada rincón del recinto y, especialmente, de la gente que tenía delante. Ruipérez, también en un excelente estado de forma, disfrutó de la noche tanto como quienes estaban al otro lado del escenario. Entre ambos existe esa complicidad que solo puede proporcionar el tiempo, la carretera y una colección de canciones que han acompañado a varias generaciones.
Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez aparecieron al frente de una formación que salió a jugar desde el primer momento. Tarque, fiel a esa manera suya de entender un escenario, se mostró activo, inquieto, pendiente de cada rincón del recinto y, especialmente, de la gente que tenía delante. Ruipérez, también en un excelente estado de forma, disfrutó de la noche tanto como quienes estaban al otro lado del escenario. Entre ambos existe esa complicidad que solo puede proporcionar el tiempo, la carretera y una colección de canciones que han acompañado a varias generaciones.
El sonido estuvo a la altura de la ocasión. Limpio, contundente y especialmente agradecido en las guitarras, con una de ellas adquiriendo por momentos ese protagonismo casi hipnótico en el que parece que el instrumento habla por sí mismo. La iluminación, aunque todavía tiene margen para buscar esa excelencia que quienes estamos detrás de una cámara siempre perseguimos, consiguió crear una atmósfera adecuada para un concierto que, desde muy pronto, tuvo más de celebración que de simple aniversario.
“Calle sin luz” y “Para no ver el final” abrieron una noche que enseguida comenzó a recorrer buena parte de la historia de M-Clan. “Llamando a la Tierra” hizo que el público terminara de entrar en combustión y confirmó algo que se repetiría durante las casi dos horas de concierto: hay canciones que ya no pertenecen únicamente a quienes las escribieron, sino también a quienes llevan años cantándolas.
“Calle sin luz” y “Para no ver el final” abrieron una noche que enseguida comenzó a recorrer buena parte de la historia de M-Clan. “Llamando a la Tierra” hizo que el público terminara de entrar en combustión y confirmó algo que se repetiría durante las casi dos horas de concierto: hay canciones que ya no pertenecen únicamente a quienes las escribieron, sino también a quienes llevan años cantándolas.
Y quizá ahí estuvo una de las claves de la noche. Tarque recordó las primeras visitas de M-Clan a Alicante, cuando aquella banda llegada de Murcia todavía estaba dando sus primeros pasos y comenzaba a hacerse un hueco en el panorama musical. Desde el escenario fue capaz incluso de localizar entre el público a alguno de aquellos seguidores que ya estaban allí en aquellos años. Treinta años después, la escena tenía algo de viaje en el tiempo: los músicos habían cambiado, las canciones habían crecido con ellos y buena parte de aquel público también, pero el vínculo seguía intacto.
El repertorio fue avanzando por diferentes etapas de la trayectoria del grupo. “Souvenir”, “Basta de blues”, “Perdido en la ciudad” y “Roto por dentro” fueron dejando paso a “Las palabras que me dijiste” y “Gracias por los días que vendrán”, mientras el concierto iba ganando temperatura. No había necesidad de artificios. Bastaba con que la banda sonara compacta y que Tarque hiciera lo que lleva haciendo durante décadas: cantar como si cada canción tuviera que ser defendida aquella misma noche por primera vez.
“Los periódicos de mañana”, “Usar y tirar” y una excelente versión reivindicativa a favor del pueblo palestino con “Las calles están ardiendo” terminaron de poner el recinto patas arriba. Fuera, el verano parecía haberse resistido a abandonar Alicante y el ambiente del puerto era de calor y humedad. Dentro, la temperatura la marcaba una banda que no parecía tener ninguna intención de levantar el pie del acelerador.
“Miedo” y “Pasos de equilibrista” dieron paso a “Maggie despierta”, otro de esos clásicos que han sobrevivido al paso del tiempo y que M-Clan convirtió en propio. Después llegarían “Sopa fría” y “Quédate a dormir”, preparando el terreno para uno de los momentos que el público estaba esperando desde el principio: “Carolina”.
El repertorio fue avanzando por diferentes etapas de la trayectoria del grupo. “Souvenir”, “Basta de blues”, “Perdido en la ciudad” y “Roto por dentro” fueron dejando paso a “Las palabras que me dijiste” y “Gracias por los días que vendrán”, mientras el concierto iba ganando temperatura. No había necesidad de artificios. Bastaba con que la banda sonara compacta y que Tarque hiciera lo que lleva haciendo durante décadas: cantar como si cada canción tuviera que ser defendida aquella misma noche por primera vez.
“Los periódicos de mañana”, “Usar y tirar” y una excelente versión reivindicativa a favor del pueblo palestino con “Las calles están ardiendo” terminaron de poner el recinto patas arriba. Fuera, el verano parecía haberse resistido a abandonar Alicante y el ambiente del puerto era de calor y humedad. Dentro, la temperatura la marcaba una banda que no parecía tener ninguna intención de levantar el pie del acelerador.
“Miedo” y “Pasos de equilibrista” dieron paso a “Maggie despierta”, otro de esos clásicos que han sobrevivido al paso del tiempo y que M-Clan convirtió en propio. Después llegarían “Sopa fría” y “Quédate a dormir”, preparando el terreno para uno de los momentos que el público estaba esperando desde el principio: “Carolina”.
Y entonces volvió a aparecer el Tarque que convierte un concierto en algo más que una sucesión de canciones. Porque una de las grandes virtudes del cantante murciano sigue siendo su capacidad para apropiarse del escenario sin necesidad de reclamarlo. Mira, gesticula, se mueve, escucha la respuesta del público y conduce la noche hacia donde quiere. Su voz, única e inconfundible, sigue siendo el elemento alrededor del cual gira buena parte del universo M-Clan. Cuando llega “Carolina”, el público ya no necesita instrucciones. La canción se convierte en una enorme respuesta colectiva y el escenario y la pista parecen funcionar durante unos minutos como una sola cosa.
El cierre con “Concierto salvaje” dejó definitivamente claro que aquello no había sido una visita al pasado. M-Clan está celebrando treinta años de trayectoria, sí, pero lo hace desde el presente, desde una banda que continúa disfrutando sobre el escenario y desde un repertorio que no necesita vivir únicamente de la nostalgia.
Casi dos horas después, en las postrimerías del concierto, Tarque todavía quiso acercarse un poco más a la gente. Bajó al foso y se aproximó al público, cerrando la noche a pocos metros de quienes habían cantado, saltado y acompañado cada una de las canciones. Una última imagen que resumía perfectamente lo sucedido en El Muelle Live: después de treinta años, la distancia entre M-Clan y su público sigue siendo sorprendentemente corta.
Quizá por eso, una vez terminado el concierto, la impresión no se quedó únicamente en el recinto. En los días posteriores, hablando con personas que habían estado allí, la respuesta se repetía una y otra vez: qué gran concierto. No hacía falta elaborar demasiado la sentencia. Había sido una de esas noches en las que una banda sale al escenario, toca, disfruta y consigue que el público disfrute todavía más.
El cierre con “Concierto salvaje” dejó definitivamente claro que aquello no había sido una visita al pasado. M-Clan está celebrando treinta años de trayectoria, sí, pero lo hace desde el presente, desde una banda que continúa disfrutando sobre el escenario y desde un repertorio que no necesita vivir únicamente de la nostalgia.
Casi dos horas después, en las postrimerías del concierto, Tarque todavía quiso acercarse un poco más a la gente. Bajó al foso y se aproximó al público, cerrando la noche a pocos metros de quienes habían cantado, saltado y acompañado cada una de las canciones. Una última imagen que resumía perfectamente lo sucedido en El Muelle Live: después de treinta años, la distancia entre M-Clan y su público sigue siendo sorprendentemente corta.
Quizá por eso, una vez terminado el concierto, la impresión no se quedó únicamente en el recinto. En los días posteriores, hablando con personas que habían estado allí, la respuesta se repetía una y otra vez: qué gran concierto. No hacía falta elaborar demasiado la sentencia. Había sido una de esas noches en las que una banda sale al escenario, toca, disfruta y consigue que el público disfrute todavía más.
Treinta años después de aquellas primeras visitas a Alicante, M-Clan regresó al puerto. El público había crecido, las canciones habían envejecido con nosotros y la banda había recorrido cientos de escenarios. Pero cuando Carlos Tarque se planta delante de un micrófono y empieza a cantar, el tiempo parece detenerse durante un instante.
Porque hay voces que identifican una canción.
Y hay voces que, con los años, terminan identificando toda una época.
Porque hay voces que identifican una canción.
Y hay voces que, con los años, terminan identificando toda una época.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
PRÓXIMAMENTE EN EL MUELLE LIVE...
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