Manuel Carrasco continúa conquistando escenarios con su Tour Salvaje, una gira que arrancó el pasado mayo en Sevilla y que bajará el telón el próximo 10 de octubre en Barcelona, después de recorrer 27 ciudades de la península y sumar más de 30 conciertos. Fiel a su costumbre, el artista onubense volvió a agotar todas las localidades en Alicante apenas salieron a la venta.
La noche del 19 de septiembre, más calurosa de lo habitual para estas fechas, ofrecía el marco perfecto, todo estaba preparado para recibir a un Carrasco que llegaba dispuesto a dejar huella.
La noche del 19 de septiembre, más calurosa de lo habitual para estas fechas, ofrecía el marco perfecto, todo estaba preparado para recibir a un Carrasco que llegaba dispuesto a dejar huella.
Los alrededores de la Plaza de Toros de Alicante amanecieron convertidos en un pequeño santuario de devoción. Desde primeras horas de la mañana, sus incondicionales aguardaban con una mezcla de nervios y alegría la ansiada apertura de puertas. Cuando por fin llegó el momento, la espera estalló en una explosión de felicidad: carreras, gritos y sonrisas para conquistar las primeras filas y sentir de cerca a Manuel. No solo había alicantino, también llegaban seguidores de otras ciudades, movidos por el mismo deseo de compartir una noche irrepetible. La plaza, abarrotada y vibrante, reunía a familias, parejas y grupos de amigos de todas las edades, todos cobijados bajo las inmensas pantallas que daban la bienvenida al universo de Pueblo Salvaje. Entre el público se alzaban pancartas que pedían fotos, abrazos salvajes o simplemente un momento de complicidad con el artista.
Los cinco minutos de cortesía parecían eternos. De pronto, la Plaza de Toros quedó sumida en la oscuridad y un rugido unánime de aplausos y piropos rompió la calma, retumbando en cada rincón del recinto. En las pantallas comenzó a reproducirse una intro audiovisual, un preludio de imágenes y sonidos que encendía aún más las pulsaciones de un público entregado.Mientras la expectación crecía, los músicos fueron tomando sus posiciones entre luces parpadeantes y acordes que presagiaban la fiesta. Un velo de humo empezó a cubrir el centro del escenario, dibujando una atmósfera casi mágica. Y, como si la noche quisiera regalar un truco de ilusionismo, Manuel Carrasco apareció de repente, emergiendo entre la neblina como un destello de pura energía. La ovación fue inmediata, ensordecedora, un abrazo colectivo que marcaba el inicio de un viaje musical que prometía emociones de principio a fin.
Aquel instante de magia se sostenía en dos décadas de historia. Manuel Carrasco, que inició su carrera en 2003 tras darse a conocer en un popular concurso televisivo un año antes, atesora ya más de veinte años de música y una discografía de nueve álbumes que lo han consagrado como uno de los grandes artistas del panorama nacional. Su trabajo más reciente, Pueblo Salvaje, da nombre a esta gira que está arrasando en cada ciudad que pisa. La noche comenzó con el estremecedor “Grito del niño”, al que siguieron el poderoso himno “Pueblo Salvaje” y la vibrante “Hay que vivir el momento”, encendiendo la plaza desde los primeros compases. Después llegaron joyas como “Corazón y flecha” y “Uno por uno”, mientras en las primeras filas muchos sentían, entre gritos y lágrimas, que estaban viviendo algo único. Más adelante, clásicos como “No dejes de soñar”, “Que nadie” o “Soy afortunado” ayudaron a mantener la emoción en lo más alto, con un Carrasco cercano, atento a cada mirada, decidido a hacer de la noche un recuerdo imborrable.
Llegó entonces uno de los momentos más aplaudidos de la noche, cuando Manuel tomó la guitarra y, entre sonrisas cómplices, se arrancó con un fandanguillo dedicado a Alicante. No faltaron las alusiones a nuestras mascletàs, al imponente Castillo de Santa Bárbara que formaba parte del decorado de la noche, a las procesiones del barrio de Santa Cruz, a la peregrinación de Santa Faz y, por supuesto, a las queridas Hogueras de San Juan. La Plaza entera se entregó cuando el canto desembocó en una explosión colectiva entonando al unísono “La manta al coll y el cabasset…”
Tras esa declaración de amor a la ciudad, el viaje musical continuó con temas como “Mi dignidad”, “Ya no”,“Tambores de guerra”, “Amor planetario”, “Hasta por la mañana”, “Me dijeron de pequeño” y “Ahora”,cada uno recibido con nuevas oleadas de aplausos. Además de su voz y su carisma, Carrasco desplegó un espectáculo cuidado al detalle, con una iluminación vibrante, una escenografía envolvente y un sonido impecable que daban la sensación de estar ante un artista que no solo canta, sino que construye una experiencia completa. A pesar de su éxito y de estar en lo más alto, se mostró cercano, generoso, un músico que se deja la piel para que cada concierto sea único y profundamente humano.
La noche continuaba vibrando con cada acorde y cada gesto. Manuel Carrasco se mostraba atento a todo, cercano y pendiente de que cada persona disfrutara al máximo de la experiencia. En un momento especial, se acercó al borde del escenario al ver una de las pancartas del público y, en voz alta, exclamó: “¡Qué fenómeno!”. Luego se arrodilló y comenzó a entonar “Cumpleaños feliz”, regalando un instante inolvidable a Alan, un joven que había corrido para ocupar una de las primeras filas. Su pancarta, decorada con luces, pedía un abrazo salvaje y expresaba su ilusión por celebrar su cumpleaños. Carrasco no dudó un solo instante en invitarlo al escenario, y Alan, con una sonrisa radiante, se subió, le dio las gracias y se llevó consigo ese regalo de cumpleaños soñado, envuelto en el abrazo más preciado y “Salvaje” de la noche. Acto seguido, quiso dedicar la siguiente canción a los chic@s deAlinur, con los que había compartido un rato muy especial poco antes del concierto, y les hizo partícipes de ese momento de música y emoción, diciendo: “Les quería mandar un cariñito con esta canción que es tan especial”. Entonces empezó a sonar “Que bonito es querer”, llenando la Plaza de Alicante de emoción y complicidad.
El cierre de la noche fue un auténtico festival de emociones. Sonaron “Tan solo tú” y “Tengo el poder”, y la Plaza de Toros de Alicante vibró con cada nota mientras el público cantaba al unísono, entregado a la magia de la música. Resulta emocionante ver un concierto así, donde se percibe tanta complicidad y entusiasmo, no solo por parte de Manuel Carrasco, sino también de sus músicos, empeñados en llegar al corazón de cada fan. Y los fans, receptivos y cariñosos, respondían con piropos, aplausos y bailes, creando un círculo de energía y cariño que lo llenaba todo. Al despedirse, Carrasco confesó que había sido una noche muy especial, deseó que la próxima visita a Alicante no tardase en llegar y reiteró lo encantado que siempre está de volver a esta ciudad que lo recibió con tanto afecto. Con este concierto, además, se cierra el ciclo de conciertos de la plaza de esta temporada, poniendo un broche de oro a un verano lleno de música y emociones.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.