El pasado sábado, la Sala The One volvió a convertirse en territorio británico. El Brit Festival by Neon Collective no fue simplemente un concierto de tributos, sino una celebración generacional que llenó la sala hasta la bandera y dejó una imagen tan poderosa como significativa: padres, hijos, pandillas de amigos de todas las edades compartiendo himnos que han marcado décadas.
No es la primera vez que la banda visita Alicante, el año pasado ya pasaron por el mismo escenario con otro repertorio de homenajes pero en esta ocasión la propuesta tenía algo especial. Una sola banda, un solo cantante asumiendo todas las voces, y más de dos horas de viaje por el ADN del britpop y el rock británico.
No es la primera vez que la banda visita Alicante, el año pasado ya pasaron por el mismo escenario con otro repertorio de homenajes pero en esta ocasión la propuesta tenía algo especial. Una sola banda, un solo cantante asumiendo todas las voces, y más de dos horas de viaje por el ADN del britpop y el rock británico.
El primer bloque arrancó sin concesiones, enlazando canciones que forman parte del imaginario colectivo: Adventure of a Lifetime y Viva la Vida de Coldplay encendieron la mecha con su épica luminosa; Starman, Under Pressure y Heroes recordaron la inmensidad artística de David Bowie; mientras que Bigmouth Strikes Again, Some Girls Are Bigger Than Others y There Is a Light That Never Goes Out devolvieron a la sala la sensibilidad punzante de The Smiths. Todo sonaba compacto, con una banda sólida y un vocalista que modulaba registros con solvencia, pasando de la melancolía al desenfado sin fisuras.
El público no necesitó demasiada invitación. Desde los primeros compases se respiraba comunión. Resultaba emocionante observar a chicos muy jóvenes coreando estribillos que nacieron antes de que ellos lo hicieran, acompañados por padres que vivieron aquella explosión cultural en primera persona. No era nostalgia vacía: era transmisión.
El público no necesitó demasiada invitación. Desde los primeros compases se respiraba comunión. Resultaba emocionante observar a chicos muy jóvenes coreando estribillos que nacieron antes de que ellos lo hicieran, acompañados por padres que vivieron aquella explosión cultural en primera persona. No era nostalgia vacía: era transmisión.
Tras un breve respiro, sin que nadie abandonara la sala, llegó el momento central de la noche. El tributo a Oasis fue, sencillamente, soberbio. Hello abrió la puerta con actitud desafiante, Rock ’n’ Roll Star reafirmó la declaración de intenciones, Champagne Supernova envolvió la sala en una atmósfera coral, She’s Electric aportó frescura, Roll With It desató los saltos, y cuando sonaron Don’t Look Back in Anger, Bring It On Down, Wonderwall y Live Forever, la Sala The One se convirtió en un estadio comprimido entre cuatro paredes.
Puños en alto, voces unidas, abrazos improvisados. La interpretación mantuvo la tensión emocional hasta el último acorde, con un cantante que supo captar la arrogancia, la épica y la vulnerabilidad del repertorio sin caer en la caricatura.
El sonido, trabajado de manera conjunta entre los técnicos de la sala y el equipo propio de la banda, fue uno de los grandes aliados de la noche: potente, definido y equilibrado. La iluminación acompañó cada tema con precisión, reforzando atmósferas sin eclipsar la música, aportando ese carácter de “festival” que daba sentido al concepto.
Puños en alto, voces unidas, abrazos improvisados. La interpretación mantuvo la tensión emocional hasta el último acorde, con un cantante que supo captar la arrogancia, la épica y la vulnerabilidad del repertorio sin caer en la caricatura.
El sonido, trabajado de manera conjunta entre los técnicos de la sala y el equipo propio de la banda, fue uno de los grandes aliados de la noche: potente, definido y equilibrado. La iluminación acompañó cada tema con precisión, reforzando atmósferas sin eclipsar la música, aportando ese carácter de “festival” que daba sentido al concepto.
Neon Collective demostró que el britpop no es una moda archivada en los noventa, sino un legado vivo que sigue encontrando nuevas gargantas que lo canten. Y Alicante, una vez más, respondió. Porque cuando una sala llena vibra al unísono con canciones que atraviesan generaciones, lo que sucede ya no es solo un tributo: es memoria compartida convertida en presente.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
PRÓXIMAMENTE EN THE ONE...
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