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Pablo Alborán convierte Alicante en un refugio de emociones con un brillante Global Tour KM0 en el Muelle Live.

7/12/2026

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Hay artistas que llenan recintos y otros que consiguen algo mucho más difícil: llenar corazones. Pablo Alborán pertenece desde hace tiempo a esa segunda categoría. Quince años después de irrumpir en la escena musical española, el malagueño continúa demostrando que el éxito no ha alterado la esencia de un artista que ha hecho de la cercanía, la honestidad y la emoción sus principales señas de identidad. Su parada en El Muelle Live de Alicante, dentro del prestigioso ciclo Aquarela Music, volvió a confirmarlo en una noche en la que la música, el Mediterráneo y miles de gargantas cantando al unísono dibujaron una estampa difícil de olvidar.

El recinto, ubicado junto al puerto alicantino, ofrecía el escenario perfecto para recibir una de las giras más importantes del verano. Global Tour KM0 no es únicamente la presentación del séptimo trabajo de estudio de Pablo Alborán, publicado en noviembre de 2025; es también un viaje hacia sus propias raíces, un ejercicio de introspección donde conviven la madurez artística y la ilusión de quien continúa descubriendo nuevos caminos. El álbum, encabezado por temas como Clickbait o Vámonos de aquí, habla del amor, de las segundas oportunidades y del reencuentro con uno mismo, conceptos que el artista traslada al directo con una naturalidad admirable.


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Poco después de las diez de la noche, la expectación se transformó en ovación. Tras una breve intro, las primeras notas de Clickbait y Tabú hicieron saltar al escenario a un Pablo Alborán sonriente, visiblemente emocionado y completamente entregado desde el primer instante. Bastaron apenas unos minutos para comprobar que la comunión entre artista y público iba a marcar el desarrollo de toda la velada.

La puesta en escena merecía capítulo aparte. Sobre el escenario se levantaba una estructura de varios niveles, elegante y funcional, que permitía jugar constantemente con la profundidad escénica. Una amplia pasarela se adentraba entre el público convirtiéndose en uno de los grandes recursos del espectáculo, acercando físicamente al artista a sus seguidores y favoreciendo una conexión permanente durante buena parte del concierto. Todo ello se completaba con una producción lumínica espectacular, capaz de transformar cada canción en un paisaje distinto, alternando ambientes cálidos e íntimos con explosiones de luz y color en los momentos más enérgicos del repertorio.

Lejos de acomodarse en sus grandes éxitos, Alborán construyó un repertorio perfectamente equilibrado entre presente y pasado. Quién, Me quedo, Vámonos de aquí, No vaya a ser, Qué tal te va y Tanto fueron marcando el ritmo de una primera parte donde la intensidad emocional crecía progresivamente mientras miles de voces acompañaban cada estrofa con una fidelidad casi religiosa.

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Uno de los momentos más delicados llegó cuando el cantante se quedó prácticamente a solas con su piano para interpretar Mis 36 y Planta 7. La desnudez instrumental permitió apreciar, una vez más, la enorme capacidad interpretativa de un artista cuya voz continúa sonando en directo con una limpieza y un control realmente extraordinarios. No necesita artificios; basta su forma de frasear para que cada palabra encuentre acomodo en quien la escucha.

Después llegaría Algo de mí, antes de uno de los pasajes más especiales de toda la noche. En el medley formado por Perfectos imperfectos, Que siempre sea verano, Tu refugio y Dónde está el amor, Pablo decidió convertir el escenario en un espacio compartido con su público. Tras leer decenas de carteles repartidos por las primeras filas —algunos ingeniosos, otros profundamente emotivos— fue seleccionando a cerca de una decena de personas para subir con él al escenario. Las sonrisas, los abrazos y la emoción de quienes pudieron vivir ese instante desde dentro reflejaban perfectamente el tipo de artista que es Alborán: alguien que entiende que un concierto también pertenece a quienes lo hacen posible desde abajo.

Ese vínculo con el público volvió a manifestarse continuamente durante toda la actuación. Hubo tiempo para las bromas, para responder a las ocurrencias de los asistentes y para agradecer, una vez más, el cariño recibido durante tantos años de carrera. Especialmente emotivo resultó cuando confesó sentirse especialmente feliz de actuar en Alicante porque sus hermanos viven en la ciudad, una afirmación que despertó una cerrada ovación entre los asistentes.

Pero probablemente el momento más humano de toda la noche llegó cuando interrumpió el ritmo del concierto para dedicar unas sentidas palabras a quienes trabajan cada día en hospitales. Habló de la importancia de los profesionales sanitarios, del inmenso valor de la donación de médula y de órganos y de cómo esos gestos anónimos terminan salvando vidas. No fue un discurso grandilocuente; fue una reflexión sencilla y sincera que el público escuchó con absoluto respeto antes de responder con uno de los aplausos más largos del concierto.

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La segunda mitad del espectáculo siguió transitando por diferentes estados de ánimo. Perdóname y Pasos de cero devolvieron fuerza al repertorio antes de la aparición de Tiempos bonitos, una de las nuevas composiciones de KM0, perfectamente integrada entre clásicos que siguen emocionando como el primer día.

Uno de los instantes visualmente más impactantes llegó con Saturno. La combinación entre la iluminación y la atmósfera creada sobre el escenario convirtió el recinto en una inmensa constelación bajo el cielo alicantino. Fue uno de esos momentos donde la producción técnica y la interpretación caminaron de la mano para elevar todavía más la experiencia.

El tramo final resultó sencillamente impecable. Solamente tú y Por fin hicieron aflorar la nostalgia colectiva antes de proyectarse un vídeo con imágenes de la infancia del artista, un recurso cargado de simbolismo que enlazaba directamente con el sentido del propio disco KM0: regresar al origen para seguir avanzando.

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Con KM0, Prometo y Copiloto, el concierto inició su recta definitiva dejando paso a un cierre mucho más festivo. Vívela levantó definitivamente a todo el recinto, mientras el medley formado por La fiesta y Vivir terminó por convertir El Muelle Live en una auténtica celebración compartida. La energía siguió creciendo con La vida que nos espera hasta desembocar en Si quisieras, broche perfecto para una actuación que supo recorrer todos los estados emocionales imaginables sin perder nunca el hilo conductor.

Más allá del impecable repertorio o de una producción de primer nivel, el verdadero triunfo de Pablo Alborán volvió a residir en algo mucho más difícil de conseguir: mantener intacta la cercanía pese a llenar grandes recintos. Su forma de mirar al público, de detenerse en los pequeños detalles, de escuchar, de compartir y de convertir cada concierto en una conversación emocional explica por qué sigue siendo uno de los artistas más queridos del panorama musical en español.

Aquarela Music continúa consolidándose como una referencia imprescindible en la programación cultural alicantina, reuniendo artistas de primer nivel en un entorno privilegiado como El Muelle Live. Y si algo quedó claro en esta nueva cita del ciclo es que Pablo Alborán no necesita reinventar la emoción; simplemente sabe encontrarla y compartirla.

Porque hay conciertos que se recuerdan por las canciones, otros por el espectáculo y algunos, como el vivido en Alicante, permanecen en la memoria por algo mucho más valioso: la sensación de haber compartido, durante algo más de dos horas, un pequeño refugio donde la música fue capaz de detener el tiempo.

Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
 
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