El Teatro Principal de Alicante continúa su temporada durante este otoño, que más que otoño parece una primavera en Alicante, y lo hace con la magia que solo un concierto de Lorenzo Santamaría puede ofrecer. Ayer, el artista subió al escenario ante un público entregado, arrancando su espectáculo con la fuerza de Estrella de Rock y la emoción de Piensa en mí. Entre melodías que tocaban el corazón resonaron también los románticos acordes de Dos mujeres, un solo amor, la intensidad de Noches de Blanco Satén y la delicadeza de Te Haré Mi Mirada, dejando claro que su versatilidad y talento siguen intactos tras décadas sobre las tablas.
Convertido en un mito de los años 70 y 80, Lorenzo Santamaría ha construido una carrera que se ha convertido en referencia para varias generaciones. Su gira de despedida, bajo el lema “Para que no me olvides”, reunió a fans de todas las edades, ansiosos por vivir de nuevo la experiencia de verla en directo.
Durante el concierto, el artista se movía con la naturalidad que dan los años de experiencia, combinando anécdotas, gestos cómplices y momentos de cercanía con un público que la adoraba. Tras él, un elenco de músicos que parecían llevar toda la vida juntos, acompañaban cada tema con una armonía que rozaba la perfección, haciendo que cada canción se sintiera viva y compartida.
Durante el concierto, el artista se movía con la naturalidad que dan los años de experiencia, combinando anécdotas, gestos cómplices y momentos de cercanía con un público que la adoraba. Tras él, un elenco de músicos que parecían llevar toda la vida juntos, acompañaban cada tema con una armonía que rozaba la perfección, haciendo que cada canción se sintiera viva y compartida.
La noche avanzó entre aplausos y suspiros, con Lorenzo Santamaría alternando clásicos y baladas que hicieron vibrar al público: desde la delicadeza de Tú eres hasta la fuerza de Llamarada, pasando por la intensidad de Adiós, amor y la ternura de Abre tu corazón. Cada interpretación parecía contarnos un fragmento de su vida, mientras el interprete, con su naturalidad y maestría, recorría el escenario moviéndose entre la complicidad del público y el virtuosismo de su elenco de músicos. En cada gesto y en cada nota se sentía la pasión de quien ha dedicado toda su existencia a la música, haciendo que cada instante compartido se convirtiera en un recuerdo imborrable para los asistentes.
No pudieron faltar Si tu fueras mi mujer y Para que no me olvides, con las que en los últimos acordes Lorenzo abandonaba el escenario. El cierre del concierto fue un estallido de energía: confesando su sueño de ser una estrella del rock, el artista interpretó sus temas más movidos, poniendo en pie al Teatro Principal y contagiando a todos con su entusiasmo.
Con cada baile, cada acorde y cada sonrisa, el público se dejó llevar, celebrando junto a ella la pasión por la música que la ha acompañado toda su vida. Cuando los últimos aplausos se apagaron, Lorenzo Santamaría bajó al hall para reunirse con sus incondicionales, firmando discos, posando para fotos y compartiendo con sus fans la calidez de quien ha dado lo mejor de sí misma, dejando una sensación de complicidad y gratitud que perdurará mucho después de que se apagaran las luces del teatro.
Con cada baile, cada acorde y cada sonrisa, el público se dejó llevar, celebrando junto a ella la pasión por la música que la ha acompañado toda su vida. Cuando los últimos aplausos se apagaron, Lorenzo Santamaría bajó al hall para reunirse con sus incondicionales, firmando discos, posando para fotos y compartiendo con sus fans la calidez de quien ha dado lo mejor de sí misma, dejando una sensación de complicidad y gratitud que perdurará mucho después de que se apagaran las luces del teatro.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.