Hay artistas que ofrecen conciertos y otros que consiguen reunir a varias generaciones alrededor de un mismo sentimiento. Rosana pertenece, sin duda, al segundo grupo. La cantautora canaria protagonizó el segundo concierto del ciclo Aquarela Music en el recinto Muelle Live en el Puerto de Alicante, en una noche de verano tan cálida y húmeda como acostumbra el Mediterráneo en estas fechas, para celebrar tres décadas de una trayectoria que continúa tan viva como el primer día.
El concierto formó parte de un nuevo proyecto artístico que conmemora el universo nacido alrededor de Lunas Rotas, el disco que la convirtió en una de las voces imprescindibles del pop español, dentro de una gira que trasciende el propio concierto para convertirse en una experiencia artística y social mucho más amplia.
Lejos de reinventarse constantemente para seguir tendencias, Rosana ha construido una carrera basada en la honestidad. Su música nunca ha necesitado artificios: canciones escritas desde la emoción, melodías reconocibles y una manera de comunicarse que convierte cada directo en una conversación con quienes llevan décadas acompañándola. Y Alicante volvió a comprobar que esa fórmula continúa funcionando con una naturalidad admirable.
El concierto formó parte de un nuevo proyecto artístico que conmemora el universo nacido alrededor de Lunas Rotas, el disco que la convirtió en una de las voces imprescindibles del pop español, dentro de una gira que trasciende el propio concierto para convertirse en una experiencia artística y social mucho más amplia.
Lejos de reinventarse constantemente para seguir tendencias, Rosana ha construido una carrera basada en la honestidad. Su música nunca ha necesitado artificios: canciones escritas desde la emoción, melodías reconocibles y una manera de comunicarse que convierte cada directo en una conversación con quienes llevan décadas acompañándola. Y Alicante volvió a comprobar que esa fórmula continúa funcionando con una naturalidad admirable.
Desde mucho antes de que sonara la primera nota ya se respiraba un ambiente especial. El público, compuesto por seguidores de todas las edades, llenó el recinto con la sensación de estar asistiendo al reencuentro con alguien muy querido. No era únicamente un concierto; era una celebración compartida entre una artista y miles de personas que han crecido con sus canciones.
Vestida con un chaleco blanco y acompañada por una sólida banda formada por guitarra, bajo, batería y teclados, Rosana apareció entre una espectacular puesta en escena presidida por una gran pantalla de vídeo con intensos grafismos e ilustraciones y un elaborado diseño lumínico que fue creciendo en intensidad a medida que avanzaba la noche. El apartado visual, moderno pero elegante, realzaba el protagonismo absoluto de las canciones sin distraer la atención de quien realmente dominaba el escenario.
Nada más comenzar, la artista quiso detenerse unos instantes para agradecer el cariño recibido durante estos treinta años de carrera. Bastaron apenas unas palabras para que se produjera una conexión absoluta con el público. Esa complicidad ya no desaparecería durante las casi dos horas de concierto.
La apertura con "Sin miedo" marcó el tono de una noche donde la emoción sería el hilo conductor. Muy pronto llegarían "Bebes de mí" enlazada con "La vida es bonita", antes de continuar con "Puede ser" y "No olvidarme de olvidar", demostrando que su repertorio mantiene intacta su capacidad para emocionar varias décadas después de haber sido compuesto.
Uno de los aspectos más llamativos del concierto fue comprobar cómo prácticamente todo el recinto conocía las letras de principio a fin. No importaba si se trataba de uno de sus grandes éxitos o de canciones menos habituales; el público respondió como un enorme coro durante toda la velada.
Vestida con un chaleco blanco y acompañada por una sólida banda formada por guitarra, bajo, batería y teclados, Rosana apareció entre una espectacular puesta en escena presidida por una gran pantalla de vídeo con intensos grafismos e ilustraciones y un elaborado diseño lumínico que fue creciendo en intensidad a medida que avanzaba la noche. El apartado visual, moderno pero elegante, realzaba el protagonismo absoluto de las canciones sin distraer la atención de quien realmente dominaba el escenario.
Nada más comenzar, la artista quiso detenerse unos instantes para agradecer el cariño recibido durante estos treinta años de carrera. Bastaron apenas unas palabras para que se produjera una conexión absoluta con el público. Esa complicidad ya no desaparecería durante las casi dos horas de concierto.
La apertura con "Sin miedo" marcó el tono de una noche donde la emoción sería el hilo conductor. Muy pronto llegarían "Bebes de mí" enlazada con "La vida es bonita", antes de continuar con "Puede ser" y "No olvidarme de olvidar", demostrando que su repertorio mantiene intacta su capacidad para emocionar varias décadas después de haber sido compuesto.
Uno de los aspectos más llamativos del concierto fue comprobar cómo prácticamente todo el recinto conocía las letras de principio a fin. No importaba si se trataba de uno de sus grandes éxitos o de canciones menos habituales; el público respondió como un enorme coro durante toda la velada.
Rosana tampoco dejó de conversar con ellos. Su cercanía es uno de los grandes valores de sus directos y volvió a quedar patente con ese humor tan característico que siempre la acompaña. Cuando desde las primeras filas comenzaron a gritarle repetidamente "¡Guapa!", la cantante respondió entre risas con una ocurrencia muy suya:
"Guapa es otra cosa... pero limpia sí."
La espontaneidad provocó una sonora carcajada colectiva antes de continuar interpretando canciones, confirmando esa capacidad para romper constantemente la barrera entre escenario y público.
El concierto avanzó alternando momentos de enorme intensidad emocional con otros más luminosos gracias a temas como "Soñar es de valientes", "Soñaré", "Hoy", "Llegaremos a tiempo", "El cielo que me das", "Con una hora menos" o la delicada "En la memoria de la piel", todas ellas recibidas con idéntico entusiasmo.
"Guapa es otra cosa... pero limpia sí."
La espontaneidad provocó una sonora carcajada colectiva antes de continuar interpretando canciones, confirmando esa capacidad para romper constantemente la barrera entre escenario y público.
El concierto avanzó alternando momentos de enorme intensidad emocional con otros más luminosos gracias a temas como "Soñar es de valientes", "Soñaré", "Hoy", "Llegaremos a tiempo", "El cielo que me das", "Con una hora menos" o la delicada "En la memoria de la piel", todas ellas recibidas con idéntico entusiasmo.
Pero el momento que terminó definiendo la esencia de la noche llegó durante el primer bis. Rosana decidió abandonar el escenario para bajar al foso salir de él y mezclarse literalmente con su público. Mientras enlazaba un emocionante medley formado por "Si tú no estás", "Contigo", "El talismán" y "A fuego lento", recorrió la primera fila abrazando, besando, estrechando manos y dedicando sonrisas a cuantos seguidores conseguían acercarse a ella.
No había ninguna distancia entre artista y espectadores. Durante esos minutos desapareció el escenario para dejar paso a algo mucho más difícil de conseguir: una comunión absoluta entre quien escribe las canciones y quienes las han convertido durante treinta años en parte de sus propias vidas. Ese instante resumió perfectamente quién es Rosana. Porque Rosana no solo canta. Rosana genera emociones. Genera ternura. Genera cercanía. Genera la sensación de que cada persona que tiene delante importa de verdad.
No había ninguna distancia entre artista y espectadores. Durante esos minutos desapareció el escenario para dejar paso a algo mucho más difícil de conseguir: una comunión absoluta entre quien escribe las canciones y quienes las han convertido durante treinta años en parte de sus propias vidas. Ese instante resumió perfectamente quién es Rosana. Porque Rosana no solo canta. Rosana genera emociones. Genera ternura. Genera cercanía. Genera la sensación de que cada persona que tiene delante importa de verdad.
El segundo bis devolvió a la artista al escenario para afrontar el tramo final con "Pa' ti no estoy", "Con viento a favor" y "Mañana", poniendo el broche a una actuación en la que el público respondió con una ovación interminable, consciente de haber compartido algo más profundo que un simple concierto.
Aquarela Music continúa consolidándose como una de las grandes apuestas musicales del verano alicantino con una programación que reúne artistas nacionales e internacionales en el incomparable entorno del Puerto de Alicante.
Pero si algo quedó claro en esta segunda cita del ciclo es que hay artistas cuya grandeza no se mide por el tamaño de la producción, sino por la capacidad de hacer sentir. Treinta años después de que aquellas canciones comenzaran a sonar por primera vez, Rosana sigue demostrando que hay melodías que nunca envejecen. Solo encuentran nuevas voces que las canten. Y en Alicante, volvieron a hacerlo al unísono.
Aquarela Music continúa consolidándose como una de las grandes apuestas musicales del verano alicantino con una programación que reúne artistas nacionales e internacionales en el incomparable entorno del Puerto de Alicante.
Pero si algo quedó claro en esta segunda cita del ciclo es que hay artistas cuya grandeza no se mide por el tamaño de la producción, sino por la capacidad de hacer sentir. Treinta años después de que aquellas canciones comenzaran a sonar por primera vez, Rosana sigue demostrando que hay melodías que nunca envejecen. Solo encuentran nuevas voces que las canten. Y en Alicante, volvieron a hacerlo al unísono.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
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