Alicante volvió a encender sus luces y vestirse de gala para recibir al legendario “Tigre de Gales” en un escenario que parecía hecho a su medida. La Plaza de Toros, con su semicírculo de piedra iluminado bajo un cielo despejado, y ese murmullo expectante de un público que mezclaba generaciones, desde quienes lo descubrieron en los años 60 hasta jóvenes que llegaban por curiosidad y acabaron rendidos. La cita, enmarcada en el ciclo musical Alicante Goldest y dentro de su “Defy Explanation Tour 2025”, tenía la hora marcada a las 21:30, con las entradas prácticamente agotadas desde hacía días. Aunque el coso alicantino admite a muchos más, anoche la cifra superó las 4.600 personas, suficientes para que la ovación inicial resonara con fuerza en cada grada y reverberara como una declaración de bienvenida.
En España, el tramo estival de “Defy Explanation Tour 2025” ha sido un recorrido de primeras plazas: Marbella, en el Starlite; Calella de Palafrugell, con el encanto de la Costa Brava; Castelló, y como broche, Alicante, donde la expectación se había mantenido alta durante semanas en todo el litoral mediterráneo.
En España, el tramo estival de “Defy Explanation Tour 2025” ha sido un recorrido de primeras plazas: Marbella, en el Starlite; Calella de Palafrugell, con el encanto de la Costa Brava; Castelló, y como broche, Alicante, donde la expectación se había mantenido alta durante semanas en todo el litoral mediterráneo.
Tom Jones, que cumplió 85 años el pasado 7 de junio, apareció con esa presencia que es pura escuela: la espalda erguida, una sonrisa de veterano que ha visto y vivido de todo, y una voz de barítono que no necesita forzar para imponerse. No recurre a la pirotecnia vocal gratuita: prefiere el fraseo cargado de intención, la dicción cristalina y el control absoluto de las dinámicas. En Alicante quedó certificado que su timbre, ahora más oscuro y granítico que en su juventud, sigue siendo un instrumento de precisión quirúrgica.
La estructura del concierto, como en toda esta gira, está diseñada como un viaje: de la penumbra íntima a la celebración desbordada. Arrancó con un tríptico de baladas crepusculares que definen la esencia de su actual propuesta: “I’m Growing Old” (Bobby Cole), “Tower of Song” (Leonard Cohen) y “Not Dark Yet” (Bob Dylan). Tres canciones que funcionan como manifiesto estético: menos crooner de postal, más narrador que, lejos de huir del paso del tiempo, lo convierte en material artístico. La banda, impecable, arropó con un sonido sobrio y elegante: teclados dominantes, batería contenida, guitarras con toques de slide, y mucho aire para que la voz respirara.
El primer estallido llegó con “It’s Not Unusual” y “What’s New Pussycat?” o “Sex Bomb”, donde la plaza se transformó en un coro multitudinario. Jones jugueteó con los tempos, añadió matices de big band y cedió estribillos enteros al público, que respondió como si los años no hubieran pasado.
En el núcleo del concierto emergieron joyas y versiones que esta gira ha reivindicado: “One More Cup of Coffee (Valley Below)” de Dylan, con un aire místico; “The Windmills of Your Mind” de Legrand, interpretada como un susurro hipnótico; y la estremecedora “I Won’t Crumble With You If You Fall”, donde Jones bajó la voz hasta casi el murmullo y consiguió que la plaza entera guardara un silencio reverente.
La recta final fue un despliegue de energía y complicidad. “You Can Leave Your Hat On” prendió la chispa y convirtió la arena en pista de baile; desató el delirio colectivo, con palmas y sonrisas en cada rincón; y “Delilah” o “kiss”, convertida en un canto popular, cerró la noche con sabor de clásico absoluto.
Tom Jones ganó por KO técnico. No por la potencia bruta , que aún guarda y maneja con inteligencia, sino por su capacidad para emocionar, su oficio y su elegancia. El diseño del repertorio, equilibrando clásicos eternos con versiones que ha hecho suyas, y rematando con esa ráfaga final de “Hat On” y “Sex Bomb”, encaja a la perfección con el momento vital y vocal que atraviesa. Quien acudió por nostalgia se encontró con un artista plenamente vigente; quien dudaba de si todavía podía, salió con la certeza de que el mito, lejos de ser un recuerdo, sigue siendo presente vivo y palpitante.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.