Hay conciertos que se escuchan y conciertos que se viven. Y después están aquellos en los que un artista consigue que durante un par de horas un recinto entero parezca convertirse en una prolongación de su propia casa. Eso fue lo que ocurrió el pasado viernes en El Muelle Live de Alicante, donde alrededor de 1.600 personas se entregaron sin reservas a Vanesa Martín en una noche de canciones compartidas, recuerdos, emociones y una complicidad que fue creciendo hasta convertir el concierto en una celebración colectiva.
La artista malagueña llegaba a Alicante dentro de una gira que, aunque mantiene el nombre de Casa Mía, tiene este año un apellido que explica perfectamente lo que sucede sobre el escenario: Casa Mía Plus. Y no es una simple cuestión de nomenclatura. La propia Vanesa se encargó de explicarlo durante el concierto. La gira Casa Mía había sido la correspondiente al pasado año, pero 2026 traía consigo una circunstancia especial: sus veinte años de carrera. Y para celebrarlos decidió darle una vuelta al espectáculo, recuperar canciones de sus primeros discos que hacía mucho tiempo que no cantaba, refrescar otras que ya forman parte de su repertorio habitual y acercarlas al sonido de Casa Mía. Una casa conocida, sí, pero con habitaciones nuevas y recuerdos que vuelven a cobrar vida.
La artista malagueña llegaba a Alicante dentro de una gira que, aunque mantiene el nombre de Casa Mía, tiene este año un apellido que explica perfectamente lo que sucede sobre el escenario: Casa Mía Plus. Y no es una simple cuestión de nomenclatura. La propia Vanesa se encargó de explicarlo durante el concierto. La gira Casa Mía había sido la correspondiente al pasado año, pero 2026 traía consigo una circunstancia especial: sus veinte años de carrera. Y para celebrarlos decidió darle una vuelta al espectáculo, recuperar canciones de sus primeros discos que hacía mucho tiempo que no cantaba, refrescar otras que ya forman parte de su repertorio habitual y acercarlas al sonido de Casa Mía. Una casa conocida, sí, pero con habitaciones nuevas y recuerdos que vuelven a cobrar vida.
La explicación terminó de darle sentido a una noche que desde el principio dejó claro que no iba a ser únicamente la presentación de su último trabajo. Vanesa Martín salió al escenario con Hábito de ti y De tus ojos y desde los primeros compases quedó patente que tenía delante a un público que conocía perfectamente cada rincón de esa casa. No tardaron en aparecer Besos y descuidos, 60s, Objetos perdidos, Complicidad, Polvo de mariposas o Lobos, alternando canciones más recientes con otras que ya forman parte de la memoria emocional de sus seguidores.
El público de El Muelle Live no necesitó demasiadas invitaciones. Cantó, respondió, acompañó y, sobre todo, escuchó. Porque una de las características del directo de Vanesa Martín es precisamente esa capacidad para pasar de la celebración al silencio en cuestión de segundos. La artista se mueve con naturalidad entre la potencia de una banda perfectamente ensamblada y esos momentos en los que todo parece detenerse para dejar únicamente espacio a una voz y una historia.
El público de El Muelle Live no necesitó demasiadas invitaciones. Cantó, respondió, acompañó y, sobre todo, escuchó. Porque una de las características del directo de Vanesa Martín es precisamente esa capacidad para pasar de la celebración al silencio en cuestión de segundos. La artista se mueve con naturalidad entre la potencia de una banda perfectamente ensamblada y esos momentos en los que todo parece detenerse para dejar únicamente espacio a una voz y una historia.
Y ahí apareció una de las grandes virtudes de Casa Mía Plus: la posibilidad de viajar por veinte años de carrera sin que el concierto se convierta en un ejercicio de nostalgia. Vanesa no está mirando permanentemente hacia atrás. Está revisitando su propio repertorio desde el presente, con otra madurez, otra experiencia y otro sonido. Como ella misma ha explicado al hablar de esta gira, son canciones antiguas llevadas al universo sonoro actual de Casa Mía.
La noche tuvo también sus momentos de absoluta desnudez musical. Vanesa dejó durante algunos instantes que las canciones respiraran prácticamente a capela, recuperando fragmentos de temas como No te pude retener, Si pasa o no, Si me olvidas o Hablarán de ti y de mí. Fue uno de esos momentos en los que 1.600 personas parecen desaparecer para dejar sola a la artista frente a su propia historia. Sin artificios, sin necesidad de elevar el volumen, únicamente la voz y unas letras que buena parte del recinto podía cantar de memoria.
Después el concierto volvió a crecer. 90 minutos (incluyendo anécdota deportiva) llevó consigo uno de esos estribillos que ya no pertenecen únicamente a quien los escribió, mientras Arráncame y Como un billete de avión profundizaron en ese territorio tan reconocible de Vanesa: el amor cuando deja de ser sencillo, las heridas que permanecen, las despedidas que no siempre son finales y todo aquello que se queda dando vueltas en la cabeza cuando aparentemente ya ha pasado.
Entre canción y canción, la artista fue dejando también pequeñas historias, comentarios y espacios para la improvisación. No es algo casual. Vanesa ha insistido durante esta gira en que, pese a tratarse de un espectáculo muy trabajado, ha querido dejar huecos abiertos para que cada noche tenga su propia personalidad. Esa libertad forma parte también del concepto de Casa Mía Plus.
Bendita despedida fue otro de esos momentos en los que la canción parecía convertirse en conversación. Después llegarían Caída libre, Te has perdido quién soy y Tenemos universo de sobra, manteniendo esa alternancia entre intensidad y recogimiento que terminó convirtiéndose en la columna vertebral del espectáculo.
La noche tuvo también sus momentos de absoluta desnudez musical. Vanesa dejó durante algunos instantes que las canciones respiraran prácticamente a capela, recuperando fragmentos de temas como No te pude retener, Si pasa o no, Si me olvidas o Hablarán de ti y de mí. Fue uno de esos momentos en los que 1.600 personas parecen desaparecer para dejar sola a la artista frente a su propia historia. Sin artificios, sin necesidad de elevar el volumen, únicamente la voz y unas letras que buena parte del recinto podía cantar de memoria.
Después el concierto volvió a crecer. 90 minutos (incluyendo anécdota deportiva) llevó consigo uno de esos estribillos que ya no pertenecen únicamente a quien los escribió, mientras Arráncame y Como un billete de avión profundizaron en ese territorio tan reconocible de Vanesa: el amor cuando deja de ser sencillo, las heridas que permanecen, las despedidas que no siempre son finales y todo aquello que se queda dando vueltas en la cabeza cuando aparentemente ya ha pasado.
Entre canción y canción, la artista fue dejando también pequeñas historias, comentarios y espacios para la improvisación. No es algo casual. Vanesa ha insistido durante esta gira en que, pese a tratarse de un espectáculo muy trabajado, ha querido dejar huecos abiertos para que cada noche tenga su propia personalidad. Esa libertad forma parte también del concepto de Casa Mía Plus.
Bendita despedida fue otro de esos momentos en los que la canción parecía convertirse en conversación. Después llegarían Caída libre, Te has perdido quién soy y Tenemos universo de sobra, manteniendo esa alternancia entre intensidad y recogimiento que terminó convirtiéndose en la columna vertebral del espectáculo.
Y mientras avanzaba la noche, Alicante comprendía cada vez mejor qué quería decir Vanesa cuando hablaba de una casa. Porque Casa Mía no se entiende únicamente como el título de un disco. La artista ha definido ese espacio como un territorio emocional donde tienen cabida la vulnerabilidad, la libertad, el respeto y la ausencia de prejuicios; un lugar en el que cada persona puede mostrarse tal y como es.
Quizá por eso la conexión con el público resultó tan natural. No había una frontera demasiado marcada entre escenario y pista. Había canciones que se cantaban desde arriba y desde abajo al mismo tiempo. Había historias de Vanesa que habían terminado formando parte de las historias de quienes las escuchaban. Y había veinte años de carrera resumidos en unas cuantas horas de música.
Quizá por eso la conexión con el público resultó tan natural. No había una frontera demasiado marcada entre escenario y pista. Había canciones que se cantaban desde arriba y desde abajo al mismo tiempo. Había historias de Vanesa que habían terminado formando parte de las historias de quienes las escuchaban. Y había veinte años de carrera resumidos en unas cuantas horas de música.
El tramo final fue recuperando algunas de esas canciones que ya forman parte de la identidad de la artista. La piel y Frenar enero dieron paso a El nudo y Nunca es suficiente, antes de que El tren de la cordura y Aún no te has ido devolvieran al repertorio esa mirada hacia diferentes etapas de su trayectoria. No hacía falta que Vanesa explicara demasiado: las canciones hablaban por ella y el público respondía con una fidelidad que se mantuvo intacta desde el primer minuto.
Con Intimidad parecía llegar el momento de cerrar la puerta de aquella casa. Pero todavía quedaban un par de habitaciones por visitar. Los bises devolvieron a Vanesa al escenario para prolongar una noche que ya se acercaba a las dos horas. Cómo te digo volvió a poner la emoción en primer plano, antes de que la artista decidiera terminar de una manera mucho menos solemne y mucho más festiva con Wannabe, el inolvidable éxito de Spice Girls. Un último giro de guion para demostrar que en la Casa Mía de Vanesa Martín también hay espacio para bailar, jugar y quitarle solemnidad a una noche que había recorrido buena parte de su vida musical.
Cuando finalmente llegó la despedida, la sensación era la de haber asistido a algo más que a un concierto de presentación. Casa Mía Plus había terminado convirtiéndose en una celebración de veinte años de canciones, pero también en una reivindicación de la propia identidad artística de Vanesa Martín. Una artista que, dos décadas después de publicar Agua, continúa revisando su pasado sin quedarse atrapada en él y mirando hacia delante sin renunciar a aquello que la convirtió en una de las voces más reconocibles de la canción de autor contemporánea.
Alicante puso los invitados y Vanesa puso la casa. Y durante casi dos horas, las aproximadamente 1.600 personas que llenaron El Muelle Live hicieron exactamente lo que se espera cuando alguien abre las puertas de su hogar: entrar, quedarse, cantar y sentirse parte de ella.
Con Intimidad parecía llegar el momento de cerrar la puerta de aquella casa. Pero todavía quedaban un par de habitaciones por visitar. Los bises devolvieron a Vanesa al escenario para prolongar una noche que ya se acercaba a las dos horas. Cómo te digo volvió a poner la emoción en primer plano, antes de que la artista decidiera terminar de una manera mucho menos solemne y mucho más festiva con Wannabe, el inolvidable éxito de Spice Girls. Un último giro de guion para demostrar que en la Casa Mía de Vanesa Martín también hay espacio para bailar, jugar y quitarle solemnidad a una noche que había recorrido buena parte de su vida musical.
Cuando finalmente llegó la despedida, la sensación era la de haber asistido a algo más que a un concierto de presentación. Casa Mía Plus había terminado convirtiéndose en una celebración de veinte años de canciones, pero también en una reivindicación de la propia identidad artística de Vanesa Martín. Una artista que, dos décadas después de publicar Agua, continúa revisando su pasado sin quedarse atrapada en él y mirando hacia delante sin renunciar a aquello que la convirtió en una de las voces más reconocibles de la canción de autor contemporánea.
Alicante puso los invitados y Vanesa puso la casa. Y durante casi dos horas, las aproximadamente 1.600 personas que llenaron El Muelle Live hicieron exactamente lo que se espera cuando alguien abre las puertas de su hogar: entrar, quedarse, cantar y sentirse parte de ella.
Un reportaje de Loles Ureña y Juan Carlos Puig-Seven Music Magazine.
PRÓXIMAMENTE EN EL MUELLE LIVE...
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